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Rafael Gutierrez Solano
Jueves 11 de abril de 2013 - 12:00 AM

Paz y política

Publicado por: Rafael Gutierrez Solano

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Una de las bienaventuranzas reza así: Beati pacifici: quoniam filii Dei vocabuntur. Bienaventurados los pacíficos: porque los hijos de Dios serán llamados. San Mateo, V, 5. Esta locución bíblica, una de las ocho felicidades que prometió Jesús a sus discípulos, es un mensaje sagrado de tipo romántico para un mundo que desde siempre se ha debatido en un ambiente contrario, pues la condición humana por naturaleza es controversial y belicista. Contrastémosla con el aforismo latino atribuido al escritor militar romano Flavio Renato Vegecio, pero expresado en idéntica forma por Cicerón en su Filípica VII, 6, 19: Si vis Pacem, para bellum. Si quieres paz, prepara la guerra.

Estas expresiones son un abrebocas para afirmar que son contadas las sociedades que no han padecido de una u otra forma la guerra, confrontaciones de diversa naturaleza, fruto de las cuales han desaparecido civilizaciones y culturas milenarias cuyos vestigios añoramos conocer, pues allí estaban los cimientos de las comunidades de naciones actuales. Por haber tenido el mundo qué pagar y seguir pagando un costo tan alto es por lo que racional e intelectualmente no podemos apostar en Colombia a una solución diferente a la negociación, para finiquitar un conflicto que solo nos ha legado desolación y muerte.

Hay malquerientes que apuntan desde diferentes flancos al fracaso del proceso, quizás porque les cuesta entender que en política gobernar es pactar, pero pactar no es ceder en todo, en especial jamás transar lo que identifica las bases republicanas de las instituciones que nos gobiernan y todo lo que de allí se deriva.

Al gobernante de turno le obliga acatar y promover lo que la Constitución Política dispone: “... asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo”, También lo que ordena el artículo 22: “... la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Alguien afirmaba con razón que en política como en la guerra, lo primero que hay que prever es lo imprevisto.

Resulta preocupante que personas de gran valía en el medio social que ejercen un protagonismo de trascendencia, en vez de unir inteligencias y esfuerzos para un propósito loable como es la paz, de manera imprevista o premeditada busquen colocar todo tipo de talanqueras a un proceso que busca acabar con una guerra cruel e inútil de tantas décadas.

Diferente es discrepar de aspectos puntuales del proceso o alertar en derecho sobre situaciones que pueden traer consecuencias graves ante la comunidad internacional. No olvidemos que se trata de una guerra que no la vivimos todos de la misma forma, pero que afecta a una Nación entera.

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