Jueves 30 de Octubre de 2014
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Rafael Gutierrez Solano
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Jueves 09 de Mayo de 2013 - 12:01 AM

Guerra y paz

Autor: Rafael Gutierrez Solano

El Pasquín es una publicación periodística de espíritu crítico, de circulación capitalina, dirigida por Vladimir Flórez, Vladdo, que registra entrevistas, noticias y comentarios de actualidad nacional. En la edición que se distribuyó en la Feria Internacional del Libro en Bogotá, en su carátula apareció una frase atribuida al ex ministro de defensa israelí, Moshe Dayan que dice “...si quieres la paz, no hables con tus amigos, habla con tus enemigos”. Pudiera pensarse que es una verdad de Perogrullo por su elemental concepción, pero su trasfondo envuelve una realidad y mensaje de quien en su momento tuvo la autoridad para formularla, al ser el líder militar más connotado de las últimas décadas en Israel, al propinar a sus vecinos árabes la derrota más contundente en la Guerra de los Seis Días. Algunos de sus efectos están vigentes y ello ha propiciado múltiples diálogos para sellar la paz en esa convulsionada región.

Lo afirmado por Dayan y aplicado a las conversaciones de paz en Cuba, es un hecho político que busca finiquitar con los enemigos del Estado una guerra de años que ha lacerado a la mayoría de familias colombianas. Luego de tanto daño se tendrá que arribar a la conclusión de uno de los participantes en las guerras federales de Venezuela con motivo de la firma del Tratado de 1863: “Después de tanto pelear, para terminar conversando”, es decir, haciendo política. Lo anterior es claro, pero no a cualquier precio y en eso coincidimos todos. Quienes se han paseado orondos por todos los códigos penales, desconociendo el Estado de Derecho y ahora afirman con desfachatez que nuestros tribunales no les sirven para juzgar sus crímenes, deben saber que la reconciliación exige unas dosis claras de sanción, reparación y perdón de victimarios a víctimas.

La Nación debe asumir que la paz tiene un alto costo político, social y económico. Los escenarios que la gente deberá escoger para una situación como la que vivimos y que se pretende conciliar, se pueden identificar con dos escuelas de pensamiento en la que cada quien puede matricularse: la de Maquiavelo cuando advierte en su obra El Príncipe: “el arte de la guerra debe ser el estudio constante y la ocupación favorita del príncipe”. O la de Don Pedro Calderón de la Barca cuando reflexiona “que el hacer paces también suele ser triunfo de guerra”.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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