Sábado 25 de Octubre de 2014
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Rafael Gutierrez Solano
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Jueves 30 de Mayo de 2013 - 12:01 AM

Parangón

Autor: Rafael Gutierrez Solano

Esta palabra que en castellano elemental significa comparación, la menciono para referirme a dos tragedias recientes ocurridas en Colombia e Inglaterra.

Hace unos días en zona rural del Municipio de Chitagá (Norte de Santander), el ELN masacró a 11 soldados en una cobarde emboscada, reivindicando ese atentado como triunfo de guerra. Días más tarde en hecho atribuido a las Farc, fueron asesinados otros4 soldados en otra región del país. cuatro En Londres, un grupo fundamentalista asesinó a un soldado inglés y las noticias e informes sobre este suceso criminal no han cesado, generando gran conmoción en la comunidad internacional según se concluye de la extensa y documentada crónica publicada.

Como los dramas no se deben valorar ni sopesar por el número y calidad de las víctimas, sí se debe ponderar la desventura que significa una sola muerte en un país donde la vida tiene un valor superlativo, como debe ser siempre, y lo que acontece en esta sociedad donde al parecer estamos anestesiados por la crueldad y el dolor que nos recetan los grupos sediciosos que acechan y asedian la comunidad, en esta sucia guerra sin límite.

La vida es bella pero también es una fatalidad; entre nosotros pareciera existir un hado que fija irrevocablemente los acontecimientos. No creo que en nuestro destino haya algo inexorable, una condición invencible. Nuestros gobernantes deben tener presente que poseen y disponen de las herramientas que la democracia les entregó y la institucionalidad les garantiza para derrotar tal azar, pues no resulta equilibrado que la comunidad de naciones se aterre y condene un crimen, cuando nosotros necesitamos también de esa solidaridad, al haber tenido y tener que padecer decenas de muertes mensuales y desde hace medio siglo.

Si acudimos al Eclesiastés III, 1, allí se nos refiere que “para todo hay un momento marcado, y cada hecho tiene su tiempo marcado en el cielo...”. Asumámoslo como categoría natural de vida, mas no como un sino trágico irreversible.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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