Publicidad
Mié Sep 20 2017
22ºC
Actualizado 05:51 am
Jueves 13 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Ola de incredulidad

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

La obra del gran escritor francés Moliere “Tartufo” universalizó el personaje y el concepto, porque tartufería ha llegado a ser el símbolo de la falsa devoción, de la beatería engañosa, en una palabra, de la hipocresía. Tartufo era un sujeto mediocre, hipócrita y santurrón. Cuando bautizó así a su héroe quiso significar que el pensamiento de un impostor, un falso, no es más fácil de descubrir que las trufas, un tubérculo subterráneo. Este prólogo literario nos sirve de apoyo para señalar que además de todos los problemas que a diario debe sortear el ciudadano del común (exagerados impuestos, bajos ingresos, inseguridad, contaminación, etc.) ahora debe sumarle el sentirse desorientado respecto de sí mismo y frente a los demás. Como dicen los franceses “dépaysè”, palabra que es un diagnóstico válido para comprender la atmósfera espiritual -no religiosa- que lo envuelve.

En efecto, ante tales realidades, la gente reflexiona y busca alternativas en individuos que presuntamente lideren procesos que procuren cambios y mejoras a sus problemas. Pero el escepticismo y la apatía cunden, pues aquellos en quienes esas personas piensan como salvadores o mesías en ciernes, en su mayoría se identifican con el protagonista de Moliere. La razón de lo anterior es que estos sujetos le apuestan al sometimiento de la comunidad que dicen interpretar y representar, aprovechando la ignorancia de una buena parte de sus miembros, que son víctimas del engaño en los temas atrás citados, y en particular en aquellos que atañen con el futuro manejo del poder.

La situación se agrava si a lo anterior le agregamos que los más descreídos e indiferentes ante este estado de cosas son los jóvenes que forman el núcleo más importante de la Nación, pues cuando uno dialoga con ellos expresan su desinterés por los asuntos de gobernabilidad, al no verse identificados con nadie, arguyendo con razón que los líderes se esfumaron del escenario público: no existe debate de ideas, de propuestas, de programas, sólo sentimientos pasionales malsanos e intereses personales, donde lo que abundan son las agresiones e insultos entre facciones. Según ellos, no hay nada serio, lo que existe es un “sancocho nacional”. A manera de conclusión, no es camuflando los reales propósitos que se tienen o radicalizándolos como puede dirigirse un Estado. Aprendamos de Séneca cuando afirma: “nadie puede llevar mucho tiempo el disfraz”.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Su voto: Ninguno (2 votos)
Otras columnas
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad