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Jueves 27 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Religión: por el respeto

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Desde mi infancia, tanto en el hogar como en los colegios me enseñaron que la religión era un asunto de respeto, de trascendencia en la formación del individuo como persona, de tolerancia, una obligación de conciencia y un camino para consolidar los valores y principios que toda sociedad debe acatar para formar gente de bien que sea ejemplo a las generaciones presentes y futuras. Estas enseñanzas en las que aun creo, no me han permitido derivar en el fanatismo ni en la descalificación a los que no profesan mi credo católico. Tampoco las he aprovechado para zaherir, fustigar o señalar a los que tienen orientaciones diferentes, en un país donde nuestra Constitución Política garantiza la libertad de cultos y creencias (arts. 2 y 19), que lo identifica como un Estado laico y no confesional.

Hoy en día, ver para creer. Lo anterior pretenden tirarlo por la borda algunos oportunistas que autoinvestidos de falsos santones -dados los sobresaltos sociales, económicos y políticos que vivimos- sin ningún pudor buscan utilizar las religiones en sus diferentes vertientes u otras agrupaciones, no para consolidar y mejorar lo señalado, sino para obtener dividendos personales que los posicionen en causas futuras de poder, al ser conocedores del gran caudal de seguidores allí registrados. En ese malsano propósito, quienes hace poco tiempo perseguían o vetaban a otros mortales por no seguir sus pérfidas directrices, -casi con férula en mano- ahora poco les importa que éstos sean ateos, agnósticos, cristianos, masones, evangélicos, etc. porque solo les interesa sumar, como en las computadoras, buscando adeptos a sus nuevas aspiraciones con rebuscados discursos para tramar incautos que en Colombia pululan a porrones. Triste realidad. Ahora los necesitan de aliados.

El orador latino Cicerón en su obra “De natura deorum”, plantea que la palabra religión proviene del latín “relegere”, que significa “volver a unir”. Esto es válido para los que pensamos en el bien colectivo, en desterrar esas vulgares costumbres y volver por la decencia, lo que nos enseñaron nuestros mayores, pero no para los farsantes de oficio a los que aludimos. Por lo dicho y la forma como se irrespetan y aprovechan los valores religiosos, creo en el Dios que hizo a los hombres, pero no en el que ese tipo de hombres han hecho.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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