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Jueves 03 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Crítica y murmuración

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Por estas épocas resulta útil diferenciar lo que es la crítica de la murmuración. La crítica es un juicio de valor, respaldada en argumentos serios que conduce a aclarar, mejorar o rebatir el criterio contrario. El murmurar o quejarse en voz baja implica una actitud comodona y falta de valía porque no enfrenta la realidad, la soslaya. Los murmuradores de oficio se encuentran en las reuniones sociales, en los despachos públicos, en las tenidas familiares o en cualquier lugar donde logran colarse sin permiso. En algunos no son bienvenidos, pero en otros sí, pues el chisme resulta una delicia.

¿Cuáles son los propósitos que persiguen con su conducta los unos y los otros? Los críticos pretenden con respaldo en pruebas que su posición triunfe de manera civilizada, pues están movidos por un interés racional frente a la comunidad de la que hacen parte. Buscan persuadir con responsabilidad, no imponer arbitrariamente. Los murmuradores atacan todos los estamentos de la sociedad de manera malévola, con la pretensión de causar daño sin asumir consecuencias. Todos necesitamos de críticos, en particular aquellos que se desempeñan en destinos de poder o aspiran a detentarlos -como ahora ocurre- aun cuando se ha comprobado que tienen más éxito los áulicos o lambones de turno que no contradicen al poderoso. Los charlatanes de baja estofa a que nos hemos referido, juzgan de manera improvisada y baladí sin preocuparse por indagar las causas de lo que cuestionan.

También hay críticos de pacotilla que se dedican a sabotear a las personas y a ponerlas en la picota pública sin fundamento, buscando sólo desprestigiarlas, calumniarlas o injuriarlas, ausentes herramientas que les permitan sustentar sus comentarios, y por qué no decirlo, sus odios y enconos. Se solazan con el dolor ajeno y se agobian con su triunfo.

En una ocasión al Papa Sixto V le comentaron que se hablaba muy mal de él, y éste respondió: “Dejadlos murmurar, pues nos dejan mandar”. Este pasaje histórico permite afirmar que otra de las diferencias entre las dos posturas es que el crítico no se acomoda, no puede ser imparcial en sus ideas, pues opiniones de este tipo se dan sobre las cosas que no nos incumben. A contrario sensu, el murmurador no se diferencia del malvado, sino por la ocasión.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
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