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Mar Sep 26 2017
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Actualizado 10:00 pm
Jueves 17 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Abuso y cinismo

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Abusus, abuso, mal uso. Abusus non est usus, sed corruptela: el abuso no es uso, sino corruptela. Con estas palabras en latín quiero significar aquello que en general se asimila con la conducta de algunas personas que aprovechándose de su posición, dignidad u oficio, se exceden frente a algo o alguien, tomando ventajas para beneficio propio. Es lo que ocurre en estos momentos con otras denuncias sobre escándalos que en verdad generan vergüenza y preocupación. Revisen ustedes los diarios y las noticias de prensa y observen quiénes son ahora los nuevos señalados como presuntos autores de graves delitos. Esa circunstancia lamentable es el típico ejemplo de una sociedad decadente, tolerante con lo no debido, que ha penetrado hasta las esferas más sagradas de la institucionalidad.

Este comportamiento, el abuso en el ejercicio de las funciones públicas, ha hecho carrera en el medio en que vivimos porque no existe en Colombia quién controle, examine y en determinadas circunstancias sancione a los que para desgracia de todos, se han vuelto incontrolables. Cuando en la escuela o la universidad nos mencionaban lo que significaba hombres públicos, siempre los asociamos con individuos a los que el país les había dado la oportunidad de servirle en altos cargos, cuya investidura los ubicaba en un grupo selecto y privilegiado de personas que se debían a la comunidad, comprometidos con ella y cuyas actuaciones buscaban la satisfacción del bien común. Esto cambió drásticamente, para mal, involucrando a las tres ramas del poder público, sin que se vislumbren a corto o mediano plazo, soluciones efectivas y radicales para quienes han mancillado los honores que en alguna oportunidad ostentaron, sin merecerlos.

El decoro, la probidad y la decencia han sido cooptados por el cinismo que es una doctrina filosófica que desprecia las reglas sociales. En esa tónica se ubican personajes que no han dado ejemplo de pulcritud en el desempeño de sus cargos y hoy se identifican con la definición que el escritor inglés Oscar Wilde plasmó en una de sus obras, definiendo al cínico: “Un hombre que conoce el precio de todo y el valor de nada…”. Ante un estado de cosas tan deleznable, lo que no puede permitirse la sociedad es ser indiferente, apática, que la gente no se conmueva: la corrupción derrumba a la Nación.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
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