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Jueves 07 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Educación cívica

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Hace un par de días el Presidente de la República con ocasión de la posesión de algunos miembros de Cortes, no sólo se refirió a las bochornosas y graves circunstancias generadas por la corrupción que llegó a lugares a los cuales nadie creyó que llegara, sino que aprovechó para manifestarle a la ministra de Educación que debe incluirse de nuevo en el pénsum estudiantil la cátedra de educación cívica que fue abolida como materia de estudio, no sabemos cuándo, por cuáles “genios” en temas de formación, ni en qué gobierno y tampoco a cargo de quién estaba ese Ministerio.

La tal modernidad que nos apabulla puede haber servido para progresar en asuntos de tecnología, en las comunicaciones, apoyo a la ciencia, etc., pero trajo como mala consecuencia el olvidar que se educa a seres humanos, individuos de carne y hueso con sentimientos, valores y principios, no robots cuyo espíritu necesita alimento cotidiano para fortalecer su vida, aprender que mi derecho va hasta donde está el del otro, respeto por las reglas sociales y mucho más, para no asimilarnos a los animales y bestializarnos en nuestras conductas.

Es lo que ocurre en la actualidad porque los esquemas educativos de antaño que contemplaban instrucción en historia, cívica, urbanidad y cultura religiosa, devino por obra y gracia de novísimos “educadores” en desechar de plano lo que según ellos no era de recibo o anticuado, estimulando una competencia malsana que se vive en escuelas y colegios, priorizando los computadores, internet, los idiomas, la celulitis (celulares), todo lo cual se puede complementar sin prescindir de lo mencionado. El eliminar de manera poco inteligente aquello que estructura a la persona como ser de bien y no un autómata que deambula a la deriva, es lo que ha postrado al país en la crisis moral que ahora padece. El hombre sin educación es la caricatura de sí mismo.

La talla de las estatuas disminuye alejándose de ellas y la de los hombres, aproximándose, por ende es fácil detectar al impostor que pretende posar de cortés, educado, cívico, que acata las normas de urbanidad cuando en verdad es sólo farsantería. La enseñanza olvidó al hombre como tal, por eso hoy se identifica con el aforismo de Hobbes en De homine: “El hombre es un lobo para el hombre”.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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