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Jueves 07 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Fernando Tamayo Ogliastri

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Quizás no haya pasado desapercibida la noticia del fallecimiento del Dr. Tamayo Ogliastri, fundador de Profamilia, cuyo apostolado médico lo dedicó en especial a las mujeres. Su inteligencia y trabajo en tan meritoria institución las tuvo siempre en cuenta a ellas. En una sociedad notoriamente machista como esta, el resistirse a maternidades no consentidas -en niveles sociales medios o bajos- ha derivado en graves problemas familiares con sus parejas: el hombre aun limita o hace nula sin ningún escrúpulo tan importante decisión personal. A ello se opuso el mencionado galeno. Comparto el registro periodístico de la revista Semana cuando se refirió a él como El Visionario: “Tamayo mostró una enorme preocupación por las mujeres más vulnerables, las que no tenían acceso a decidir sobre su autonomía reproductiva. A ellas dedicó su vida”.

El régimen de salud colombiano le debe la introducción de los métodos anticonceptivos no tradicionales, la vasectomía y la ligadura de trompas, disminuyendo nuestra tasa de natalidad a un porcentaje inferior al 1%. De no haber sido así, enfrentaríamos una explosión demográfica inmanejable, ubicándonos en un lugar deshonroso y vergonzante similar al que hoy ocupan países del África y Asia, donde millones de niños, mujeres y ancianos se mueren de física hambre por el exceso de habitantes.

¿Y quien vela por la vida de esos seres humanos? Nadie. Mera solidaridad barata con el dolor. Pero en su momento al Dr. Tamayo cuando libraba con valor científico su cruzada, casi lo excomulgan y le quitan su licencia. Sectores pacatos e hipócritas que aún existen en este medio, calificaron de manera abusiva su actuar de pecaminoso.

El cuento chino que predica, “cada niño llega con un pan debajo del brazo” ha quedado desvirtuado, es pura paja. Después de la labor titánica de este prohombre, hay más conciencia y responsabilidad a la hora de decidir sobre la fecundidad; su tarea debe persistir hasta siempre. Si se revisan los niveles de pobreza y abandono de miles de personas en Colombia por ignorar estas enseñanzas, el reto es no bajar la guardia. Cuando observamos a tanto infante deambulando sin rumbo por las calles, desarrapados y malolientes, fruto de embarazos no deseados, a veces nos sonríen, pero en el decir de la laureada poetisa chilena Gabriela Mistral que amaba a los niños: “es un modo de llorar con bondad”.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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