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Jueves 08 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Hay una gente…

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

En una entrevista que releí hace unos días hecha a un exitoso industrial, este comentaba que siendo niño caminaba junto a su abuelo por el centro del Municipio de Chía, cuando se encontraron casi de frente al expresidente Alberto Lleras Camargo. Su nono lo saludó, se quitó el sombrero y le hizo una venia respetuosa. Le preguntó el porqué de tanta amabilidad hacia tal personaje y así le respondió: “Hijo, es que en la sociedad hay una gente y hay otra gente”. Qué interesante insistir sobre el mensaje de frase tan oportuna, cuando sabemos que ese tipo de personas como el prohombre mencionado y otros más que antaño le dieron lustre, brillo y respetabilidad al país han desaparecido y con ellos sus aportes, enseñanzas y formas de ser.

Sus legados y estilos no se mantienen en pie, a contrario sensu de lo que decía Eduardo Santos, no hay luz en la poterna, ni guardián en la heredad. Todo ha sido tirado por la borda, mancillado y pateado por una turba de mediocres y farsantes que en estos momentos buscan a través de engañifas atraer incautos a sus causas, muy lejanas de las necesidades de quienes pretenden gobernar. Lo que hay es una montonera, otra gente, que no se acerca o se asemeja ni en la sombra a esos portentos morales e intelectuales que en verdad le sirvieron a la Patria y no se valieron de ella buscando beneficios para su familia o sus partidarios. Es lamentable encontrarse individuos de los que se presumía una buena formación familiar y académica, que uno juzgaba de criterio, poseedores de principios y valores, que no han tenido inconveniente en aliarse hasta con el diablo, pues su obsesión por el poder los ha hecho indolentes, falsos y peligrosos.

El hombre siempre busca referente en sus semejantes, en particular aquellos que la vida ha enaltecido con honores, distinciones y altos cargos, siguiendo su ejemplo. Lo cruel e irónico es que para esa otra gente, esto ya carece de importancia, así como el presente y futuro de la Nación; solo les interesa avasallar y arrebatar a cualquier costo. He ahí la razón del desencanto y la apatía colectivos. Los responsables de que esta debacle continúe somos nosotros si no cambiamos ya un panorama tan desolador, decadente y vergonzoso.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
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