Publicidad
Sáb Nov 25 2017
20ºC
Actualizado 08:20 pm
Jueves 06 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

Reflexiones

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

La entrevista concedida en el día de ayer a la emisora W por William Rodríguez, hijo de Gilberto Rodríguez Orejuela, uno de los jefes del extinto Cartel de Cali, al director de ese medio de difusión Julio Sánchez Cristo, permite reflexionar sobre lo manifestado por el entrevistado cuando se refiere a su vinculación con esa organización delictiva, el escenario que tuvo que enfrentar él y su familia por tomar caminos equivocados y cómo el fin de los involucrados en el narcotráfico por lo general es una tumba o una cárcel. Hoy libre en Miami después de haber estado en prisión en los Estados Unidos pagando por los delitos que se le imputaron, no solo hizo precisiones sobre algunas inconsistencias del libro escrito por Bill William Rempel “En la Boca del Lobo”, sobre cómo cayó ese Cartel, sino que es oportuno volver sobre el tema de la corrupción a que él se refirió, y donde el narcotráfico ha tenido una alta cuota en este país.

El 20 de julio de 1995 publiqué en este diario la columna titulada “Los Antivalores”, que no ha perdido vigencia, y ello es parte de nuestro drama: “... La corrupción de lo que hay de mejor, es lo peor. Lo mejor que tienen toda sociedad son sus jóvenes. El Estado debe estar atento para procurarles una formación digna e integral que los disuada de la posibilidad de incurrir en el delito. Cuando ello no ocurre, son víctimas de los “barones del crimen” quienes los atraen a sus bajos mundos y los pervierten... Algunos de ellos han muerto, otros están tras las rejas. A eso llegaron porque aprendieron a conocer el precio de todo, y el valor de nada. El responsable en buena parte de este fenómeno decadente es el narcotráfico. Quienes manejan los redes del infame negocio, le han hecho al país uno de los peores daños: han corrompido generaciones enteras y han penetrado en los estamentos de la sociedad, enseñando que lo que cuenta es el dinero fácil. Para nada el esfuerzo y la honorabilidad. A diario nos enteramos de cómo personas de todos los niveles y edades han caído y siguen cayendo en la trampa. Algunos, de manera ilusa, pretendieron enriquecerse de forma rápida, fundados en la vana creencia de poder más adelante presentarse como ciudadanos sin mácula.

Otros lo hicieron a conciencia, buscando imponerle a la Nación unas nuevas pautas de conducta, amorales y ruines. Ambas posiciones son deleznables: muestran hasta dónde ha llegado el grado de descomposición de un Estado incapaz y pusilánime”.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Su voto: Ninguno (1 vote)
Otras columnas
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad