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Jueves 13 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

Violencia y más

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Nos hemos enterado en el transcurso de estos días que nuestras Fuerzas Armadas, sostén de las instituciones y respaldo de la democracia, han sido afectadas de forma grave y aleve por emboscadas terroristas que han cobrado la vida de jóvenes oficiales y soldados que se juegan su suerte en las entrañas de la selva, en los caminos o en las vías carreteables, para permitirnos a la inmensa mayoría de los ciudadanos, que no conocemos del arte de la guerra, vivir con un poco de tranquilidad.  

Con tristeza leemos en la prensa y observamos por televisión, el drama de las familias de estos valientes héroes que han sido inmolados en una sociedad donde ellos ya no estarán y tampoco disfrutarán al lado de sus seres queridos. Y uno se pregunta: ¿Qué será de la vida de sus padres, de sus hijos y esposas que ya no los tienen? La cronología muestra cómo por lo general los hijos entierran a sus padres, pero cuando el destino es al contrario, nadie se sobrepone a la muerte de un hijo.

Cuando marchaban a Crimea las primeras tropas francesas y la emperatriz Eugenia de Montijo contemplaba el desfile con su esposo, no pudo evitar las lágrimas. “¿Lloráis?- le preguntó afectuosamente el emperador-. Ella respondió: Pienso en las madres”. La guerra es un trance cruel y doloroso; no resulta grato hablar de ella. Pero está ahí, muy cerca de nosotros y no nos la hemos podido quitar de encima. En el alma de todo ser racional hay más espacio para la paz que para la guerra, así la historia nos de un bofetón regularmente, recordándonos que han sido poco los momentos de sosiego en el mundo. El hombre sigue transitando el sendero de la guerra cada vez con más sofisticación y crueldad. Sabemos de los nuevos “métodos” usados por los terroristas, para causar cada vez más daño, no solo a los militares, sino en muchos casos a la población civil inerme.

Los que predican y practican el terror en esta Nación, solo encuentran reacción de la comunidad que es agredida por esos grupos delincuenciales que a diario cometen toda clase de tropelías y delitos. El fusil o las bombas como herramientas para someter a las personas, además de ser un acto cobarde, está condenado al fracaso. Prueba de ello, es que hoy no existe por el pueblo, respaldo alguno de cualquier tipo a quienes ejercen la violencia en este país.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
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