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Jueves 03 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Demografía

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Esta ciencia que se ocupa del estudio de la población humana, incluyendo variantes estadísticas como su incremento, la calidad y expectativas de vida, las condiciones de sobrevivencia en el planeta, el ingreso per cápita en las distintos países, etc., quizás no le despierta mayor interés a muchos ciudadanos, al asumirse equívocamente que este mundo puede soportar índices de explosión demográfica más allá de la responsabilidad que cada uno debe tomar para sí, cuando de traer hijos se trata.

El último informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas da cuenta que a la fecha somos 7.000 millones de personas, lo cual representa que la Tierra es un lugar cada vez más acosado para existir dignamente, debido a que muchos elementos se están agotando, entre ellos los recursos naturales, al no ser manejados con criterio de desarrollo sostenible, sino de avasallamiento y depredación por toda esa gente sin oportunidades de un buen vivir.

Cuando se propugna por una sociedad más equilibrada en todas sus latitudes; cuando todos abogamos por superar los niveles de desigualdad oprobiosos en las comunidades; cuando los grandes descubrimientos científicos han permitido que la vida se prolongue en el tiempo, en fin, cuando los programas de educación y bienestar están al alcance de un número mayor de personas, el ritmo de crecimiento desbordado aminora el entusiasmo, pues ese mismo informe refiere cómo 2.000 millones de personas en el mundo viven en extrema pobreza, con un dólar o menos al día. “A este dato hay que agregarle, por lo menos otro tanto de pobres.

Es importante entonces que los gobiernos auspicien políticas de control de natalidad drásticas, que comiencen por culturizar a su población y mostrarles el inminente riesgo que implica engendrar sin responsabilidad. A quienes lideran estos programas en un Estado responsable, debe valorárseles con argumentos constructivos y no descalificar su labor, porque de continuar por este camino, ya no seremos invitados al banquete del Señor como rezan los Evangelios, sino a un festín de baja calidad, donde se raparán las migajas que queden del saqueo. Hay que evitar que el mundo se convierta en territorio de gladiadores: acabar con el otro a como dé lugar, para subsistir. El escritor madrileño, Premio Nobel de Literatura en 1992 Jacinto Benavente, decía: “¿Qué viven esos que dicen: ‘Quiero vivir mi vida’?. Una vida no puede ser singular nunca... La vida es más que nuestra vida, es un poco de la vida de todos”.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
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