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Jueves 17 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Selección Colombia

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Después del empate con Venezuela que supo a derrota y de la derrota con Argentina que sabe a descalabro, no se necesita ser apasionado del fútbol o comentarista deportivo para cerciorarse de los errores protuberantes de nuestros técnicos y deportistas cuando tienen que enfrentar un cotejo importante. Desde el momento en que uno se acomoda para observar un partido de la selección, guarda la inquietud de que la representación de turno termine por contentarse con una clasificación forzada, un empate misericordioso o que le propinen una derrota. Puede argumentarse que en las cosas del deporte, todo está dentro de lo posible, pero han sido muchas las oportunidades para no descifrar las fallas que padece nuestro combinado nacional, y superar así el triste espectáculo de las excusas baladíes ofrecidas en las consabidas entrevistas con los medios de comunicación, cuando se busca justificar los malos resultados ante el país.
Múltiples han sido las voces de aficionados que han expresado su parecer sobre estos insucesos deportivos, advirtiéndose reclamaciones tales como la de que en Colombia se improvisan técnicos que no tienen formación profesional en esa área, así hayan sido jugadores de fútbol. También se ha cuestionado la labor de las directivas del fútbol que al parecer después de tantos golpes, no asumen el papel que les corresponde, liderando proyectos de amplio espectro que eviten estas debacles y hagan renacer las esperanzas de los ciudadanos, atendiendo lo siguiente:

En Colombia no existen escuelas de formación impulsadas por el Estado con instructores y recursos suficientes que promuevan a nuestros jóvenes y los conviertan a la postre en profesionales del fútbol, como sí ocurre en Brasil, Argentina, Europa, etc. Buena parte de los más destacados futbolistas que le han dado grandes satisfacciones a la Nación, han surgido de las barriadas de los pueblos en condiciones casi infrahumanas y sin conocerse que entes deportivos de esas regiones, los hayan incentivado o promovido en sus prácticas. Es decir, son casi un milagro de la naturaleza que después de tantas falencias en su formación, se destaquen en el escenario nacional o en el extranjero.

A lo anterior debemos agregar que existe un problema de temperamento que nos ha vuelto resignados, aceptando con humildad los fracasos sin preocuparnos por descubrir la causa de ellos. Es una actitud típica de nuestras sociedades que prefieren ir a la zaga, a enfrentar con grandeza y arrojo las frustraciones. El deportista debe aprender que la grandeza, es una expresión espiritual que solo acompaña a aquellos que demuestran un deseo íntimo de superación.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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