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Jueves 08 de Diciembre de 2011 - 09:05 AM

La marcha

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

La convocatoria q para que los ciudadanos salieran a marchar el martes, si bien no colmó todas las expectativas por el número de personas que asistieron, lo que se pretendía se logró; es decir, enviar un mensaje contundente de repudio por la conducta criminal de las Farc, y de contera, para todos los grupos al margen de la ley, que asolan al país con sus actuaciones violentas.
El propósito se consiguió, la pretensión fue hacerles llegar este recado: “no más violencia, queremos la paz”. Quienes aún siguen insistiendo en el uso de las armas para cambiar nuestro destino, deben saber que los colombianos desaprobamos ese procedimiento por intolerante y bárbaro y que anhelamos en un futuro inmediato la reconciliación. La comunidad en forma civilizada expresó su verdad, una verdad que como alguna vez señaló Miguel de Cervantes, “... adelgaza y no quiebra y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua…”.
Si esta verdad estaba en el fondo de un pozo, en esta ocasión como en alguna oportunidad pasada, afloró para bien de todos y hoy es la mejor bandera para esgrimirla ante el mundo que también nos acompañó. Hay momentos en la vida de las personas que hastiados de tanto salvajismo y crueldad inútiles, precisa recordarles a sus patrocinadores que tales comportamientos nos parecen abominables, que no tienen futuro como formas de convicción. No creemos en las reivindicaciones que no sean fruto de un proceso democrático, transparente y concertado. Hoy la valentía no es del que embosca y mata; el mundo se la reconoce sólo a quienes deponen sus ánimos entregan sus armas y reconocen sus errores. El apoyo y compromiso que demostraron los ciudadanos que marcharon, no solo es un gran ejemplo de civilidad, sino además el mejor síntoma de coherencia frente a una iniciativa popular para aislar a los violentos y decirles: ¡No más!  En su obra, Máximas, el escritor moralista francés La Rochefoucald cuando define el valor nos enseña: “El perfecto valor consiste en hacer sin testigos lo que sería capaz de hacerse delante de todo el mundo”. Estas manifestaciones no deben ser coyunturales, el pueblo las debe asimilar como un reproche manifiesto a la intolerancia.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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