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Jueves 15 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Protocolo de Kioto

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

El Ministro del Medio Ambiente, Frank Pearl, en declaraciones recientes se refería de manera preocupante a la actitud indiferente que les asiste a las grandes potencias y países desarrollados, para respetar los términos previstos  en el Protocolo de Kioto, acuerdo internacional para disminuir las emisiones de gases que causan el efecto invernadero y detener el avance del cambio climático y el calentamiento global. Este acuerdo nació en 1997, producto de la reunión de 38 países industrializados en esa ciudad japonesa, y lo que allí se determinó fue reducir en un 5% las emisiones de los seis gases del efecto invernadero entre 2008 y 2012.
El protocolo es ley internacional y entró en vigencia en el 2005, cuando fue confirmado por 55 países. Estados Unidos, que produce el 25% de la contaminación en el mundo, solo se unió a él hasta el 2001, pero de manera simbólica, para después apartarse definitivamente por no creerlo justo. Esa es una de las grandes ironías, pues los americanos han “ensuciado” el planeta de manera descarada, durante decenas de años y siempre buscan excusas para eludir su inmensa responsabilidad. Es más, en esa Nación hay un partido político de derecha llamado Tea Party que ha venido cobrando importancia en el campo electoral y que rechaza el mecanismo de incentivos económicos para reducir las emisiones de dióxido de carbono y propugna por una política energética agresiva sin importar los costos ambientales.
Como para cumplir los compromisos establecidos se implantaron varios mecanismos vinculantes y de carácter sancionatorio, otros países grandes contaminantes como China, Francia, Rusia, etc., le hacen esguince al protocolo y al parecer no están dispuestos a acatar sus mandatos. El mal ejemplo americano cunde y los dirigentes de otras naciones no están dispuestos a hacer lo que otros no hacen. Para nuestro país esa conducta trae consecuencias nefastas, pues el consumismo desbocado de esas potencias se traduce en mayor deforestación, minería ilegal y el tráfico de fauna y flora que enriquece a unos pocos traficantes y empobrece al país. Los costos de estas conductas no solo han afectado a los países mencionados, sino también a nosotros como lo hemos podido comprobar en esta ola invernal. Recordemos la frase que enseña: “Dios siempre perdona, el hombre a veces perdona, pero la naturaleza nunca perdona”.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
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