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Jueves 22 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Dolor de ciudad

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Leí con particular interés, y por qué no, disfruté, la columna de Carolina Sanín titulada "Última columna" publicada en El Espectador del pasado domingo, donde en forma cruda pero realista describe lo que padecen los residentes de Bogotá y todos quienes deben desplazarse a la ciudad capital. Resume algunas de las circunstancias por las cuales Bogotá ha dejado de ser una metrópoli atractiva para el placer y la convivencia. Así allí se presenten las mejores atracciones culturales del país; estén los mejores restaurantes y clubes; los más calificados centros de educación y deportivos, etc., el calvario para acercarse a todo ello es inversamente proporcional al gozo que se obtiene. La paciencia, la resignación y hasta el odio que refiere la periodista, por la incapacidad del ciudadano para afrontar tal caos, va menguando la condición humana a los extremos que ella nos presenta.


Pero si por Bogotá llueve, por Bucaramanga no escampa. Esta ciudad de haber sido una urbe de provincia apacible, ordenada y un buen vividero, se ha convertido, por la falta de autoridad y mal manejo administrativo, en un lugar donde reina el desorden. Veamos el cuadro que a diario soportamos: pululan los indigentes sin que entidad alguna se ocupe de ellos; no hay movilidad en el tránsito, lo que tenemos es inmovilidad; en esta ciudad nada se planea, hay una orgía de construcciones que agobia a todos los ciudadanos con un agregado más: ausencia de andenes, vías, zonas verdes que deben ser de las personas, no de los vehículos. Era la Ciudad de los Parques, hoy debemos cuidarnos de disfrutarlos después de ciertas horas, porque se han convertido en buena parte en nichos de ladrones y drogadictos.


Se ha generado una gran inseguridad ante el arribo de bandas de fleteros y bandidos que están al acecho del ciudadano. Los vendedores ambulantes se han tomado de asalto las vías céntricas de la ciudad y muchos otros lugares, ante la indiferencia de quienes deben ejercer ese control, a tal punto que ante un intento de desalojo de hace un par de días, tal operativo terminó en una debacle, fruto de años de desidia para enfrentarlos con rigor. Reina la incertidumbre en esta ciudad, pero a diferencia del odio que destaca Carolina, quiero una mejor suerte para Bucaramanga. No sabemos si la logremos en el futuro, por el momento soy bastante escéptico.


Nota. Feliz navidad y próspero año nuevo. Esta columna volverá a aparecer hasta el 19 de enero de 2012, por vacaciones de su autor.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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