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Jueves 15 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

A manera de ejemplo

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Este periódico publicó el domingo anterior en la sección Séptimo Día, una visión fotográfica con unos breves comentarios sobre lo que ocurre en el Japón, un año después del tsunami que con una magnitud de 9 grados en la escala Richter, devastó toda la zona noreste de ese país. Las gráficas son suficientes para comprender lo que dejó el sismo en destrucción y tragedia, pero nos sirven de ejemplo para corroborar cómo esa sociedad ha logrado en tan corto lapso reconstruir ese panorama desolador, producto de la fuerza del mar que segó miles de vidas y acabó con la mayor parte de la infraestructura de esa región.

En Colombia a diferencia de lo que allí ocurre, llevamos decenas de años, cientos de licitaciones y contratos tratando de mejorar o construir las vías, carreteras, caminos veredales, sistema férreo, puertos, etc., y es muy poco o nada lo que se ha conseguido, todo ello en detrimento de una Nación que aspira con las firmas de los TLC, ingresar al concierto de países que pretenden alejarse del subdesarrollo y buscar a través de la inversión extranjera, el turismo internacional y todos aquellos renglones que impliquen una sana competencia en el mercado, mejorar el nivel de vida de los ciudadanos.

Pero he ahí, la distancia que nos separa del Japón. Esa cultura milenaria les ha enseñado a todos sus miembros que en cualquier circunstancia de sus vidas y más aun cuando de enfrentar tragedias se trata, que todos a una, como un propósito nacional, dejando a un lado los intereses particulares, el egoísmo y el protagonismo, desde el Emperador hasta el más discreto de sus mortales, deben en esos momentos aportar sus ideas, energías y hacer sacrificios para defender y garantizar el sitio de honor que ocupa esa comunidad a nivel mundial y que restablecieron después de ese gran maremagnun que les dejó como “legado” la Segunda Guerra Mundial.

Algunas personas sostienen que lo que le falta a una sociedad a la que todo lo ha favorecido para progresar, es una gran tragedia. Dios nos libre de ella, pero no es fácil comprender cómo un país privilegiado por la naturaleza, con un nivel cultural superior a muchos de nuestros vecinos, con unas riquezas inexplotadas y con gente sobresaliente, no atiende esos derroteros y se encamina por el sendero del progreso y del bienestar. El progreso es tanto la ley del mundo moral e intelectual, como la ley del mundo físico.

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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