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Jueves 22 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

Decadencia moral

Columnista: Rafael Gutierrez Solano

Al morir el emperador romano Septimio Severo en el 211, le sucedieron en el poder sus hijos Caracalla y Geta. El primero de los nombrados antes de cumplir el año se cansó de compartir el Imperio con su hermano y ordenó que lo asesinaran. Exigió entonces a Papiniano, célebre jurisconsulto cuyas obras fueron utilizadas en las compilaciones de Justiniano, que elaborara un discurso justificando ese horrendo fraticidio. A esa sugerencia, éste le dijo: “Es más fácil cometer un crimen que excusarlo y es otro crimen tratar de deshonrar a un inocente después de haberle quitado la vida”. La consecuencia a este desaire al emperador fue la inmediata ejecución de Papiniano. Seis años más tarde Caracalla cayó bajo el puñal asesino de Macrino, quien lo sucedió en las riendas del poder.

Este pasaje histórico enseña cómo una de las virtudes del hombre en sociedad, es defender siempre sin rodeos, uno de los valores que debe identificar al ciudadano libre y de buenas costumbres: el respeto de sí mismo, su dignidad. El que esta condición moral se haya debilitado en estas épocas, al punto que a un número considerable de personas les atraiga más la “cultura del atajo”, obviando el tránsito de lo justo y lo legal, no les crea prerrogativas que deban ser reconocidas por la comunidad.

Así como Papiniano se enfrentó con decisión a un tirano que después lo ejecutó, las personas deben asumir como un blasón, jamás ceder ante lo ilegal pues los delitos por más reiterados, no generan derechos en nada y para nadie. Es de lamentar que a veces observemos cómo algunas personas que por una u otra razón han arribado a grandes poderes públicos, prefieran trocar lo digno por lo deshonroso. Con ello envían un mensaje funesto a la comunidad que los premió en algún momento de sus vidas con esos honores, a la postre inmerecidos.

Este fenómeno que no solo es propio de nuestra cultura y que se ha enquistado por la tolerancia vulgar de amplios sectores de la ciudadanía, ha derivado en que frente a conductas graves, muchas personas buscan la excusa al delincuente y la deshonra al inocente, provocando un carrusel de complacencias con lo amoral facturando así al país en el campo ético y moral. La conclusión a todo lo anotado es que en Colombia sobran los Caracallas y escasean los Papinianos.    

Autor:
Rafael Gutierrez Solano
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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