Publicado por: Ramiro Serrano
La expresión VIP “es un acrónimo que procede de la lengua inglesa y que se refiere a Very Inmportant Person (Persona muy importante). Este concepto también hace parte del diccionario de la real academia Española”. Hoy es utilizada por toda clase de servicios para realizar la diferenciación entre un servicio bueno y otro que se presta acorde a unos costos del mercado.
Vemos que en las entidades bancarias tienen una fila “VIP” para los clientes que son atendidos por tres cajeros, mientras las generales del banco solo por uno. Vemos como las empresas de transporte dan refrigerio y licores a los viajeros frecuentes, mientras que los ocasionales no les alcanzan las sillas dentro los terminales para poder esperar su salida. Nos referimos también a los hoteles que hacen clasificación de los servicios acorde a la categoría y el pago de sus clientes.
Pero lo más absurdo es encontrar este tipo de categorías “VIP” en servicios esenciales como la salud. Mientras que unos están atendidos como en batalla campal, otros reciben sus servicios en salas especiales y sin cumplir con la prioridad médica en la atención de sus servicios.
Somos conscientes de dos situaciones, la primera, que a todos nos gusta tener un buen servicio y para obtenerlo hay que cancelar un poco más y que al final todos van a obtener el servicio deseado. Lo que preocupa es que éstas políticas pueden ser positivas para las entidades de carácter comercial, pero no la podemos tolerar en los servicios básicos esenciales. En este tipo de servicios en que se juega la vida y la salud no podemos darle categoría de atención a un enfermo solo por lo que ha cancelado en su servicio.
Estos llamados VIP son la muestra de lo que ha llegado a ser la salud con sus reformas, donde valen más el negocio financiero que el servicio esencial que se le presta a sus afiliados. Esperamos que la nueva reforma proteja este principio fundamental.









