Tanto el gobierno como las Farc parten de un mismo presupuesto en sus conversaciones sobre la paz: ambos la necesitan. El gobierno, para poder reelegirse y las Farc, para poder aprovechar un momento que le es propicio.
Me parece verlo con su vestido azul claro de solapas gruesas y en punta, camisa blanca y corbatín. El corbatín no se lo ponía nadie en esa época y menos en el colegio. Pero él iba contra la corriente y debía diferenciarse de los demás dejando a un lado la corbata. De lo contrario iba en contra de los cánones del artista.
La primera división del conservatismo en el siglo XX se presentó por la lucha enconada entre nacionalistas e históricos. El conservatismo era en ese entonces un partido clerical dominado por los arzobispos, concretamente monseñor Herrera Restrepo primero y luego Ismael Perdomo. Ellos se encargaban de señalar los turnos presidenciales.
Tony Judt (Gente Peligrosa, Anagrama, 2012) señalaba que los intelectuales de izquierda en un momento dado terciaron hacia el socialismo y el comunismo simplemente porque les tocó para evitar que el fascismo arrasara con todo en la Europa del siglo pasado. Otro tanto se podría decir de la señora Thatcher, que al evitar el paso del socialismo tuvo que echar mano del neoliberalismo.
¿Se puede dar una alianza entre Pastrana y Uribe? Claro que se puede dar, pues en política nada es imposible. Generalmente los enemigos de ayer son los aliados de hoy y viceversa. Forma parte de la misma política que es versátil, dinámica, desconcertante. Por eso vale la pena entrar a analizar esta posibilidad.
Estábamos acostumbrados a que Voltaire y Rousseau eran los malos del paseo porque iban contra Dios y la Iglesia como si fueran una sola cosa. Habían acaparado tanto la popularidad de su pensamiento como el radicalismo de sus posturas intelectuales, sobre todo por la reacción que suscitaron por parte de la Iglesia Católica.
Cuando estaba en bachillerato leía un libro titulado “El Imperio de Balcón”, que se refería al caso de Benito Mussolini, quien se embriagaba con la palabra en el balcón del palacio presidencial. El Duce se paseaba como dueño y señor de la palabra y de las multitudes, con su gesto rampante, su mentón apretado, las manos sobre la cintura y el ademán fiero. Era la locura.
Siempre hemos considerado como traída de los cabellos la escogencia por parte de Hugo Chávez de la persona y obra del Libertador para proyectar y hacer un gobierno a la medida de su personalidad, obra, e ideas, más para aprovechar la honda carga emocional que conlleva en Venezuela el nombre del padre de la patria que por otra razón.