Miércoles 16 de Abril de 2014
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Raul Pacheco
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Sábado 20 de Abril de 2013 - 12:01 AM

Las divisiones del conservatismo

Autor: Raul Pacheco

La primera división del conservatismo en el siglo XX  se presentó  por la lucha enconada entre nacionalistas e históricos. El conservatismo era en ese entonces un partido clerical dominado por los arzobispos, concretamente monseñor Herrera Restrepo primero y luego Ismael Perdomo. Ellos  se encargaban de señalar los turnos presidenciales. De ahí que no hubo problemas entre Concha, Suárez, el general Ospina y Miguel Abadía Méndez. Todos estos turnos estaban dados por la jerarquía eclesiástica y nadie, fuera de Laureano Gómez se atrevía a salir de ahí. Esto llevó a que Laureano Gómez creara la primera disidencia en la lucha contra la candidatura de Marco Fidel Suarez. Y así  hubiera sido formado por los jesuitas para enfrentar a los enemigos de la iglesia, en este caso se enfrentó  con la jerarquía católica y alcanzó a cruzar sus mandobles con ella, hasta que claudicó  y le pidió perdón a monseñor Herrera Restrepo. 

Laureano Gómez tenía proyectada su carrera política en base a una alianza con Alfonso López, cuando Gómez se comprometió  con López a apoyarlo para llevarlo a la presidencia y para luego pasar de agache ante la reforma de la constitución de 1.936, todo eso a cambio de ayudarle a Laureano para el siguiente periodo presidencial. Pero López traicionó a Gómez y nombró a Olaya Herrera ministro para proyectarlo a la siguiente candidatura presidencial. De ahí en adelante se rompió  la alianza y Gómez incendiaría el país. Luego las divisiones fueron surgiendo a medida que avanzaba la política. La siguiente división fue entre laureanistas y ospinistas. Esto dinamizó al partido, pues le  creó un entusiasmo de tribu que galvanizó la legitimidad. Luego apareció el leyvismo para oponerse al Frente Nacional, junto con el alzatismo que fue un movimiento serio, con doctrina y dirigentes de consideración. Por último se abrió el partido entre alvaristas y pastranistas. Lo cierto es que estas divisiones le ayudaron a mantenerse vivo, a revitalizarse, a ser actual. La división no es buena, pero en determinados momentos sirve para despertar nuevas místicas. Diferente a la situación actual en que el partido conservador no está dividido hacia adentro, sino hacia afuera. Estamos a la expectativa de que unos  conservadores se vayan con Álvaro Uribe y otros con Juan Manuel Santos.

Esta, pues, es una situación inédita o ¿se parece a la que se vivió  con Laureano Gómez cuando se unió con Alfonso López?

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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