Sábado 24 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Vargas Lleras

Columnista: Raul Pacheco

La sensación que le deja a uno Vargas Lleras tan pronto lo conoce personalmente es la de un jayán que se cansó de ser un cachaco de maneras refinadas, al estilo Juan Manuel Santos, para dedicarse a trabajar un perfil más llano y más frentero.

Ya en su familia era común prepararse para las campañas presidenciales, pero a él le tocaba un legado difícil por tener un abuelo y un tío ex presidentes, prácticamente en sus narices. De ahí la exigencia para ir escalando peldaños y sobre todo, ganarse a pulso aquello que le correspondía por derecho de sangre.

Descubrió su temperamento que en algo lo emparenta con su abuelo Carlos, quien era famoso por su talante altanero y soberbio en contraste con el perfil más mesurado pero más soberbio de Alberto. Pero en fin, era la casa Lleras y tenía que seguir la tradición. Así que Vargas Lleras sacó del juego el cachaco que llevaba dentro, dejó de lado el gesto desdeñoso de tierra fría de Ernesto Samper y el brocado fino de las maneras de Juan Manuel Santos, para los gringos demasiado británico, para adquirir un perfil distinto, como de luchador, ganando peso y altura hasta configurar una imagen a tono con la rudeza de su carácter.

Tal vez al dejar el cigarrillo que le quemaba los labios a su abuelo el expresidente Lleras, ganó kilos y lo convirtió en peso pesado, no solamente de cuerpo, sino de la política. Hoy su voz es más gruesa, su ademán es más contundente, su poder de aguante es mayor para hacerle frente a una campaña presidencial que ahora se insinúa muy dura.

Y ha adquirido un conocimiento del país, que casi no le permite quedarse callado para hablar de todos y cada uno de sus problemas. Ese es el gallo que tiene la derecha para enfrentárselo a Petro.

Ahora es un cuajado estadista con soluciones y en sintonía con el mundo de hoy, postcomunista, donde lo principal está en fomentar el empleo, dar garantías a la empresa privada para crear riqueza y no tratar de bloquearla o acabarla, como sucedió en Venezuela. Y además, su recio carácter es el que necesita Colombia para ponerle orden al proceso de paz, a la irrupción permanente del ELN que ha ido llenando el vacío dejado por las Farc, agravado esto por la ayuda que le presta el gobierno de Maduro.

Autor:
Raul Pacheco
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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