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Sábado 03 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

El Bovarysmo conservador

Columnista: Raul Pacheco

Madame Bovary soñó con que podía vivir una vida que no era la suya. Por una parte su arribismo social y por otra sus ganas de sentirse cómoda, brillando, sin importarle que aquel mundo soñado no era al suyo, la llevaron hacia la inautenticidad. La visión de la realidad se le alteró y se puso en manos de una variante esquizoide, para suavizar su estado de insatisfacción crónica. Eso le ha pasado al Partido Conservador: se enamoró de Uribe y lo siguió, y se puso a vivir el uribismo, que no era lo suyo, porque creyó ciegamente que él representaba todo aquello que el Conservatismo había soñado. Y era un vano espejismo. Y Enrique Gómez Hurtado creyó que Uribe interpretaba la doctrina conservadora al pie de la letra, que no le faltaba ni una coma. Creía, como muchos, que era la versión contemporánea o posmoderna del libertador Simón Bolívar, con su concepción del gobierno fuerte; pero cayendo en una contradicción, pues si se quería una visión doctrinaria, habría que pensar en el programa de Caro y Ospina y no en el de Bolívar. Y si se pensara en la visión de Bolívar, había que desechar el programa de Caro y Ospina que es anti bolivariano por esencia y por forma. Por esencia, porque allí se consagraba un partido democrático, respetuoso de la ley, tolerante y formalmente, porque el programa de Caro y Ospina dice que ser amigo o enemigo de Bolívar no hace a nadie conservador y se despacha contra el autoritarismo. Así que el Conservatismo ha debido ponerse de acuerdo en esto: o se estaba con la doctrina de Caro y Ospina, o se estaba con el talante de Bolívar, porque lo uno y lo otro no casan. Pero su bovarysmo se lo llevó de calle y lo puso a marchar ciegamente detrás del nuevo Mesías, al cual hoy han abandonado sus amigos de ayer, empezando por el Presidente. El sueño de una vida mejor, la variante de una burocracia henchida, los contratos de obras públicas y otras cosas más fueron el pegante para que el conservatismo se ilusionara como Madame Bovary de que ella estaba hecha para ser lo que no era y que sus sentimientos estaban disparados hacia esa clase de vida que no podía vivir. El Partido Conservador se volvió bobo o se volvió loco. Llegó inclusive a pensar que había perdido todo el tiempo anterior tratando de formar líderes propios, cuando en la calle se encontraban y de mejor calidad. No era más que salir a los almacenes a comprar ese nuevo líder que lo llevaría al poder y allí estaban vendiendo a un Uribe dispuesto a hacerle el mandado al pobre partido, que caía desmayado, como madame Bovary, ante la nueva vida de sociedad que le abría las puertas de la burguesía. El Partido Conservador, como esa madame Bovary, entró a los salones del brazo burgués de Álvaro Uribe, velando así la visión de su mundo.

Autor:
Raul Pacheco
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