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Domingo 08 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Ayudarse y ayudar

Columnista: Reinaldo Suarez Diaz

No hay que esperar de los demás aquello que depende de nosotros: ser felices, manejar nuestro genio y nuestros sentimientos etc. Lo más importante depende de nosotros mismos. Pero esto no excluye recibir o solicitar como complemento, ayuda de los demás.


Es más fácil ayudarse a sí mismo que a los demás. Pero en muchas cosas podemos colaborar con el prójimo: una buena palabra, escuchar, ayuda económica, dar o conseguir empleo.


La limosna es la ayuda más peligrosa pues disminuye la autoestima y crea dependencia. La educación es el ámbito en el cual esta ayuda puede ser más productiva. Porque la ayuda que no se sabe dar puede crear más daño del que busca remediar. Crear empleos dignos, productivos y bien remunerados es una tarea difícil pero abre los verdaderos caminos de progreso a las personas y a las sociedades. Pero también aquí el componente pedagógico es esencial. No basta dar una buena paga, es necesario enseñar a quien la recibe a invertir ese dinero útilmente. Por ese motivo son tan importantes las políticas de ayuda a la familia de los empleados, guardería y educación para los hijos, fondos de ahorro y vivienda etc. que representan una remuneración complementaria y orientada hacia las verdaderas necesidades. Cuando el trabajador logra comprar con su esfuerzo y la colaboración empresarial una casa, debe enseñársele a cuidarla y a no venderla al primer avivato, ni hipotecarla caprichosamente.


Las empresas, por motivos sociales y de identificación con el entorno, deben comprometerse con la comunidad circundante pero no en forma de beneficencia sino de programas y obras que en realidad contribuyan a su mejoramiento, requiriendo siempre el esfuerzo de la comunidad. Lo gratis no se aprecia. Dar dinero a las juntas comunales, a los políticos y concejales y aún a las autoridades para que ellos hagan obras no es conveniente ya que patrocina el clientelismo y los chanchullos.


Y es importante, cuando se haga una donación, concertar estrategias para que ella llegue a los beneficiarios. Que el hospital no sea un negocio para médicos, burócratas o intermediarios sino que preste un válido servicio a los necesitados; que las becas donadas para estudiantes pobres lleguen realmente a quienes los necesiten; que el edificio o los equipos que se financian para una institución educativa sean accesibles a los jóvenes de pocos recursos etc.


Sigo pensando que un buen negocio, una obra productiva, una empresa con criterio social es más eficaz que una entidad de beneficencia. Una granja productiva combate mejor la desnutrición que un almacén de víveres; montar un acueducto en una zona rural para proveer de agua limpia y regadío a una población es más eficaz que montar un hospital.


Las entidades de beneficencia son necesarias para resolver "emergencias" como el hambre y las enfermedades pero sólo las obras de estructura productiva y educativa pueden ir a la raíz de tales problemas y jalonar un verdadero progreso.

Autor:
Reinaldo Suarez Diaz
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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