Se acercan las ferias anuales. Ingentes van a ser los esfuerzos y el ajetreo para organizarlas. Es muy importante que nuestro pueblo se divierta sanamente; todo aquello que fomente la alegría contra la amargura y la paz contra la violencia debe ser acogido y promovido. La recreación debe ser una actividad a la cual se dedique buena parte del transcurrir de una vida feliz. Las ferias, festivales etc., han sido tradicionales en todas las culturas y durante toda la historia de la humanidad. Hasta la Biblia establece un día a la semana para echar una canita al aire. Las ferias son no solamente una ocasión de divertirse sino de compartir con los vecinos, con los amigos, con las familias, de conocer otras personas, de afianzar el sentido de ciudadanía. Lamentablemente tales celebraciones se han convertido en espectáculos en su mayor parte deprimentes y repugnantes. El trago, las borracheras, las riñas, el desaseo, el irrespeto y la vulgaridad han sentado en ellas su señorío. Así como está bien que el Estado con el apoyo de las empresas privadas y de todas las organizaciones civiles promueva las ferias populares, también es su deber ejercer en ellas un liderazgo civilizador convirtiéndolas en días de sano esparcimiento y de fomento de la cultura. Ojalá se pudieran acabar el trago, las tomatas y borracheras que son las causas de las peores consecuencias. Se debe prohibir todo aquello que genere irrespeto o daño a las personas y bienes comunes como lanzar agua, maizena, pintura en la cara y vestidos de los transeúntes, en los árboles y jardines. Se debe proteger la ecología preservando el prado y los jardines de los parques y los antejardines de las residencias. La ciudad no tiene por qué convertirse en un basurero o una letrina pública. Para ello deben colocarse recipientes abundantes en los diferentes espacios donde pasen los desfiles o se realicen las actividades feriales. Se debe evitar molestar a los ciudadanos con espectáculos ruidosos en lugares residenciales, en especial aquellos que turben el descanso nocturno hasta altas horas de las mañana. El contrato de orquestas y de compañías de esparcimiento debe realizarse con austeridad. Debe promocionarse en esos días el arte (música, teatro, concursos literarios y de pintura) lo mismo que la comida sana y económica. Para todos los grupos de ciudadanos debería existir su día: de los estudiantes, de los artistas, de los niños, de los ancianos, de las colonias, de los trabajadores, de los artistas. ¡Que vivan las ferias! ¡Que vivan las fiestas! ¡Que viva la diversión en comunidad! ¡Qué viva la sana alegría!