Hermoso y aleccionador el espectáculo deportivo que acabamos de disfrutar. Los ingleses se lucieron y nosotros también. Vimos a un pueblo maduro, civilizado y ordenado, generosamente comprometido con una causa universal: afirmar los valores del deporte y la capacidad de unir a todos los habitantes del Planeta, cualquiera sea su raza, su cultura, su condición social. Qué orden! Qué aseo! Qué bellos escenarios! Qué cultura! Qué formidable la participación ciudadana! Todos los espacios deportivos, algunos enormes o situados lejos de la ciudad y con entradas costosas se vieron repletos de gentes para todos los eventos; públicos enormes con ejemplares comportamientos, aseo, orden, armonía y paz. Los ingleses, con autoridad, lograron acabar con las barras bravas que se habían apoderado de sus estadios hace unos años. Los deportistas también se lucieron no sólo como competidores sino como personas. Raros los casos de doping o de sanciones. No observé ninguna riña, ni juego sucio, ni redamos o protestas groseras a los árbitros. Los reclamos justos fueron fallados con prontitud. Los vencidos felicitaban amigablemente a los vencedores. Qué patriotismo, qué honor por dejar en alto los colores de sus banderas! Particularmente emocionante el entusiasmo de nuestros deportistas y el ejemplar comportamiento de los conciudadanos presentes en las justas. Parafraseando a un colega “nuestra dignidad nacional, pisoteada por políticos, jueces, violentos y corruptos ha sido rescatada por nuestros deportistas”.En los mensajes que apreciamos por televisión contrastaban los adelantos tecnológicos de los medios londinenses con las condiciones de vida y extracción social de las familias de la gran mayoría de nuestros deportistas. A Rigoberto Urán, nuestro ciclista medalla de plata, los paramilitares le asesinaron a su padre y aún niño tuvo que vender chance para sobrevivir; la familia de Caterine Irbargüen es desplazada del Urabá antioqueño y su madre tuvo que lavar ropa para mantener y dar estudio a la deportista; la yudoka Yuri Alvear vendía empanadas por las calles; Yackeline Rentería cuya familia habita en el barrio Siloé de Cali, tenía que levantarse los 10.000 pesos mensuales para pagar su entrenamiento deportivo. A pesar de nuestros problemas pertenecemos a un pueblo admirable cuyos valores podemos cultivar a través de la verdadera educación, el empleo digno y el mejoramiento de sus condiciones de vida. ¡Hay esperanza!