Los zapatocas somos tradicionalistas con mentalidad progresista. Quienes fundaron el Colegio Santo Tomás así procedieron. Como consta en el acta de fundación, tres serían los enfoques de su filosofía educativa: formación moral; arte y letras; conocimientos y habilidades para ser ciudadanos útiles a la sociedad. Y tales ideales encajaban perfectamente con la educación salesiana, famosa por sus escuelas técnicas. Desde 1911 un grupo de damas pertenecientes a la Archicofradía de María Auxiliadora realizaron fallidos esfuerzos para traer a la ciudad a los hijos de Don Bosco hasta que el 31 de octubre de 1944 Mons. Ángel María Ocampo logró traer a la ciudad a su Provincial el P. José María Bertola, quien entusiasmado por la calurosa recepción de la gente dio el esperado “sí”. Fue su primer rector el P. José Cancino, oriundo de Charalá, a quien por su bondad y caballerosidad apellidamos “el buey manso”. Fui de los 88 afortunados alumnos matriculados en 1945 cuando ingresé a cursar el tercero elemental y que por mi pequeña estatura ocupé el primer puesto en la fila y fui apodado “la Pulga”. Recuerdo la entrada feliz de los nuevos estudiantes. Atravesado el amplio zaguán, traspasada la puerta donde estaban esculpidas en hierro las letras: GVL que recordaban al legendario alemán, nos encontramos con un enorme patio rodeado de amplios corredores y jardines, antesala de la administración y habitaciones de los religiosos. Cubierto el patio por una enorme carpa, se convertía en un teatro donde se realizaban funciones solemnes, espectáculos populares y presentábamos famosas obras teatrales y saínetes. A la derecha, por la calle 8, había algunas aulas de clases y un largo salón que albergaba la capilla con sus reclinatorios individuales y el infaltable “joven instruido”. Entre la calle y la carrera se encontraba el comienzo de una construcción en ladrillo terminada después junto con el teatro con fondos de bazares, bajo la dirección del hermano polaco Miguel Zablocki. En 1951 llegó como Rector el P. Leonardo Mascagni, quien con visión y empuje movió las palancas políticas y logró un auxilio de 1.500.000 pesos para comenzar la construcción de la maravillosa estructura de dos manzanas. El laborioso Padre Ortega continuó la construcción de la cual sólo quedan por levantar el teatro y la capilla. Los Salesianos salieron de Zapatoca en 1973 y el colegio entró en crisis, las instalaciones se deterioraron y los enormes ventanales construidos por Don Constantino parecían recordar el paso de turbas enardecidas, hasta que la actual Junta presidida por el dinámico P. Juvenal Landínez asesorado por el famoso “Caliche” lo renovaron totalmente siendo hoy un claustro que respira orden, belleza y alegría y que alberga una vibrante y numerosa comunidad educativa.