Responder a la pregunta: ¿de qué son capaces nuestros cuerpos?, debe ser el punto de partida de toda la tarea educativa. De la correcta concepción de nuestra naturaleza humana y del entendimiento de nuestro comportamiento depende la eficacia de toda la tarea educativa. La anatomía, la fisiología, la nutrición, nuestras interrelaciones con la naturaleza y nuestro entorno vital, la higiene y el correcto manejo de nuestros cuerpos, deben ser los tópicos fundamentales de toda verdadera educación. Aprovechar, tratar y manejar nuestros cuerpos es el arte de las artes. Lamentablemente, tales asertos van en contravía con la praxis educativa.Cuan diferentes y más gratificantes serían nuestras vidas si supiéramos cómo están hechos, para qué están hechos y cómo disfrutar de nuestros cuerpos. Ellos son la fuente de todas las demás experiencias vitales. Pretender construir humanidad, convivencia, alegría, felicidad, prosperidad sin partir de nuestras características y potencialidades corporales, es como sembrar jardines en los desiertos.De la salubridad de nuestros cuerpos depende el correcto funcionamiento de todas las demás facultades humanas; ella es la raíz del pensar, del amar, del sentir, del disfrutar. Está irresoluta y a mi parecer es insoluble la cuestión sobre la naturaleza última de esas funciones que en nuestra cultura llamamos “espirituales” como amar, pensar y decidir. Aunque no está demostrado que se reduzcan a reacciones químicas de las gónadas o fenómenos eléctricos de nuestros cuerpos en reacción con el entorno, lo cierto es su radical influencia. Un estómago con hambre o un organismo en estado de excitación no deja pensar, lo mismo que un organismo exhausto impide hasta “hacer” el amor.Nuestros cuerpos son microcosmos, resumen de nuestro Universo, centro de nuestras vidas. La química, la biología, la física, la informática, la sicología, la pedagogía, la filosofía etc. hubieran dados pasos más certeros y agigantados si hubieran centrado su tarea en entender el funcionamiento de nuestro cerebro, nuestra sensibilidad, nuestros órganos. Y nuestras vidas serían más felices si hubiéramos partido de entendernos a nosotros mismos para saber manejar nuestro ser corpóreo.