Me sorprendieron las declaraciones de Humberto de La Calle (a quien considero y sigo considerando una persona razonable y ecuánime, y un gran estadista) respecto al último concepto de la Corte Constitucional y principalmente el miedo a que tales declaraciones minen el Tratado de Paz con las Farc (al cual sigo defendiendo). Manifiesto mis discrepancias con el Dr. De La Calle, basadas no tanto en consideraciones jurídicas sino en aquellas de filosofía política.La democracia política nace en Grecia como un sistema de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Pero ya Aristóteles alertó contra del peligro de que la democracia se corrompa trasformada por un lado en oligarquía (gobierno de roscas) o por otra en demagogia o manipulación de la voluntad popular que conduce a la anarquía, madre del totalitarismo. Por ese motivo los griegos se idearon la democracia directa y la democracia indirecta o representativa, basada esta última también en el voto popular.La democracia moderna bebe en la Carta Magna Inglesa, Rousseau (el poder popular), Locke (el fin del Estado es la custodia de la vida, la integridad, la libertad y la propiedad en cuanto en ella se haya incorporado un trabajo y no impida (mediante el acaparamiento) la propiedad de los demás) y Montesquieu (la independencia de los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial).El concepto de la Corte Constitucional (custodio de la Carta Magna) lo que hace no es anular el “fast track” ni oponerse al Tratado de Paz, sino salvar la independencia de poderes vulnerada por disposiciones del Ejecutivo que pretendían convertir al Congreso en un convidado de piedra. Por ese motivo los demócratas respiramos tranquilos cuando el mismo De la Calle (un demócrata también) declaró que las Farc aceptaban la autoridad de La Corte, ya que el Ejecutivo no puede mediante ningún Tratado negociar los pilares de la democracia.De manera que no cunda el pánico, Dr. De La Calle, como no cundió en el Gobierno ni en las mismas Farc, que su hijo no está en peligro sino que sufre los rigores de un parto democrático. ¡Que el Congreso demuestre su grandeza!