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Domingo 09 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Iglesia y política

Columnista: Reinaldo Suarez Diaz

Toda actividad humana está relacionada directa o indirectamente con la “política”. La Iglesia, como una comunidad de seres humanos no puede ser ajena a sus vicisitudes que colindan a menudo con el quehacer político. Pero su misión no es intervenir directamente en tales asuntos sino ilustrar las conciencias, dejando que los laicos sean responsables de sus propias decisiones. Tal posición no es fácil. Por eso recibe palo porque boga y palo porque no boga. Su labor es ética y tiene como guía el ejemplo y mensaje de Jesús: amor universal; compasión; solidaridad; bondad; respeto; verdad; justicia; dignidad humana; no discriminación; sacralidad de todo lo existente; defensa de los débiles principalmente de niños, madres, pobres, enfermos, pecadores, perseguidos. Jesús no intervino en los asuntos políticos de su tiempo sino que, a semejanza de Sócrates, sacrificó su vida por unos ideales morales.

La esencia de su mensaje es el amor y la fraternidad universales, junto con las exigencias concretas que llevan consigo. La Iglesia debe ser pues una fragua de fraternidad y armonía: armonía con la naturaleza; armonía dentro de la comunidad humana; armonía y coherencia de vida personal. Pero Jesús fue también vertical y exigente en muchos aspectos:

Contra la corrupción de quienes convierten su vida y sus organizaciones en cuevas de ladrones.

Contra la hipocresía e intolerancia de quienes ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, de quienes se creen ejemplos y jueces de los demás, de los sepulcros blanqueados, de los incoherentes.

Contra la mediocridad de quienes no hacen fructificar sus talentos, de quienes acumulan bienes y no los ponen a producir.

Contra los ricos egoístas e injustos, esclavos de su dinero, orgullosos, indiferentes, derrochadores, engreídos y, lo que es peor aún, corruptos y explotadores de los débiles.

Contra quienes escandalizan y abusan de los desprotegidos, particularmente de los niños etc… Bastaría vivir los valores evangélicos para llenar de bienestar y felicidad nuestras vidas.

P.S. La única voz oficial de la Iglesia es la Conferencia Episcopal no cualquier “Monseñor” y menos el nominado por los anticlericales.

Autor:
Reinaldo Suarez Diaz
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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