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Domingo 30 de Julio de 2017 - 12:01 AM

No solo cárcel (III)

Columnista: Reinaldo Suarez Diaz

Nuestro sistema penitenciario debería ser más imaginativo, no recurrir para todo a la cárcel, diversificar y humanizar las penas para que al mismo tiempo que sean castigo, sirvan de reeducación al delincuente, resarcimiento del daño hecho a los particulares y a la sociedad, ejemplarizantes y promotoras de la no repetición.

Los lugares de reclusión deben ser dignos y el trato humanitario. Pero ser siempre objetivamente austeros y “penosos” para que no pierdan su carácter sancionatorio y punitivo.

Como tal sistema es muy oneroso y no debe convertirse en hotelería gratuita, todos los recluidos deberían, mediante el trabajo obligatorio adecuado a sus características y capacidades, colaborar a sufragar los gastos. Los pudientes deberían además pagar tal servicio. También podrían establecerse primas por productividad que hagan posible, mediante el ahorro organizado, acumular dinero que puedan usufructuar a la salida de los penales como soporte para construir un futuro digno.

Las clases de los penales pueden ser diversificadas, (ciudad, industria, granja agrícola, centros de salud, confinamiento…) , pero en ellos siempre habrá oportunidades de educación, recreación moderada, deporte, cultura, cuidado de la salud. Y habrá condiciones propicias para un trabajo digno y obligatorio para todos los reclusos. No estoy soñando. La granja de La Ceja para inimputables, el sistema aplicado por los Salesianos en sus talleres y para los jóvenes en las granjas del Padre Luna, sirven de ejemplo.

La cárcel debe ser una de tantas modalidades de penalización, no como sucede en la actualidad, con los desastrosos y denigrantes resultados que todos conocemos.

Las penas pueden diversificadas: trabajo social en libertad, reclusión, sanciones pecuniarias etc..

La cárcel debe en lo posible ser complementada con otras penas como las multas, hasta incautación de todos los bienes. Esto último debería llegar a aplicarse a los corruptos y a sus testaferros.

Todo esto acompañado de una efectiva justicia que capture a los delincuentes y los juzgue rápidamente con el fin de acabar con la aberrante situación que nuestras cárceles estén llenas de sindicados no juzgados.

Estas consideraciones me llevan a defender una amnistía generosa pero selectiva, con ocasión de la visita del Papa.

Autor:
Reinaldo Suarez Diaz
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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