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Domingo 15 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Vivir el tiempo

Columnista: Reinaldo Suarez Diaz

Es fugaz nuestro paso por este planeta. En palabras del poeta León de Greiff “al brillar un relámpago nacemos y aún dura su fulgor cundo morimos: tan corto es el vivir”.

El tiempo y la vida se nos escapan en su continuo e infrenable transcurrir. Sin darnos muchas veces cuenta, pasan veloces los días y los años. Y este paso del tiempo parece acelerarse con su transcurrir. En la niñez el intervalo entre dos Navidades nos parecía una eternidad; hoy nos parece un soplo.

Pero si el paso del tiempo no depende de nosotros sí lo es el disfrutar de nuestra frágil y pasajera vida. A decir de Séneca, hay jóvenes que han vivido mucho y viejos que han vivido poco. El tiempo y la vida son oportunidades más que realidades, son como vasos vacíos que depende de nosotros llenarlos de alegrías o de tristezas, de amores o desengaños.. o de vacío existencial. Qué triste es la existencia de quienes han pasado por la vida pero la vida no ha pasado por ellos, y hoy añoran el tiempo perdido o se lamentan de lo que pudo haber sido y no fue. De ahí la importancia de vivir o aprovechar nuestro tiempo.

Hay quienes no saben qué hacer con él, lo dejan pasar como sentados a la orilla de un río. Por temor, indecisión, o pereza no se sumergen en él a disfrutar de sus experiencias. Es lamentable la vacuidad y el aburrimiento de sus vidas.

En el otro extremo están los siempre ocupados, preocupados, intranquilos. Su vida es un ajetreo y una actividad permanente. Parecería que en lugar de vivirlo buscaran matar el tiempo. Viven siempre ocupados, entregados a toda clase de actividades y distracciones. Se olvidan de sí mismos. Se entregan a todo menos a la única tarea importante cual es disfrutar serenamente de la vida. Olvidan que hacer todo aquello que se quiere y puede no sólo es innecesario sino imposible de lograr, como lo es apagar todos los deseos y aspiraciones. Nuestra vida es por naturaleza un proyecto limitado e inacabable.

Una forma de desperdiciar el tiempo es la de los desorganizados. Su vida es desordenada. No distinguen entre lo urgente y lo importante; no logran balancear lo necesario con lo superfluo. La mayoría de ellos vive quejándose de que no tienen tiempo. Para lo importante nunca tienen el tiempo que les sobra para las futilidades.

Llevados por sus caprichos y quereres, viven postergando aquello que debieran. “Por la calle del después se llega hasta la casa del nunca” (Cervantes). No digas pues que no tienes tiempo sino que no quieres, no te interesa, no te provoca.

El secreto del bien vivir no está en el exterior sino en nuestro interior. El problema de la vida no radica en el tiempo y ni siquiera en las circunstancias sino en nosotros mismos.

Autor:
Reinaldo Suarez Diaz
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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