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Domingo 22 de Enero de 2012 - 12:01 AM

¿Va bien nuestra economía?

Columnista: Reinaldo Suarez Diaz

Los índices de crecimiento y su estabilidad pintan muy bien para nuestra economía. Las inversiones aumentan y se respira optimismo para el futuro a pesar de la profunda crisis internacional. Es admirable por ejemplo el dinamismo de nuestros industriales y exportadores que triplicaron las frustradas ventas a Venezuela.

Sin embargo, si se examinan cualitativamente las optimistas cifras, el asunto pinta diferente.

Nuestro crecimiento está jalonado casi exclusivamente por la minería o sea la explotación, exportación y en parte saqueo de nuestros recursos naturales no renovables y el deterioro de nuestro medio ambiente. Las grandes compañías extranjeras se quedan con buena parte del saqueo de nuestros recursos. Tales inversiones generan además efectos nocivos colaterales como la llamada “enfermedad holandesa” con la revaluación de nuestra moneda y  que pone en jaque las ganancias de nuestros exportadores y consiguiente disminución del precio de los artículos importados y el peso sobre nuestra industria.

Un índice que llama la atención es el aumento de consumo en los hogares lo que podría indicar mayor bienestar. Pero no parece que sea así. En efecto, tal consumo ha aumentado prevalentemente por la inversión en vivienda y en la compra de vehículos. Si no hay exceso de endeudamiento, invertir en vivienda propia (no para especular) es bueno bajo todo punto de vista.  Es preferible hacer un esfuerzo para pagar una cuota más alta que “perderla” mensualmente pagando un arrendamiento. Además la construcción en un gran motor de la economía y del empleo.

Pero la desaforada compra de carros, auspiciada por la revaluación de la moneda y una propaganda engañosa, es algo muy preocupante. Tales compras en la mayoría de los casos representan no una inversión sino un gasto oneroso y no recuperable.  Los compradores fascinados por unas cuotas “diarias” bajísimas no evalúan su real necesidad, no hacen cuenta de los gastos colaterales: mantenimiento, impuestos, gasolina, accidentes, seguros, precipitada devaluación etc.  Además tales compras complican aún más la circulación y generan contaminación y accidentalidad. Se requiere un llamado a la racionalidad y la autorregulación.

Una economía sana es aquella que promueve el bienestar general, disminuye las desigualdades y fomenta el empleo digno. Paradójicamente tales índices son negativos a excepción de una ligera disminución del desempleo debida al auge desbordado de la construcción que nos puede conducir a una “burbuja inmobiliaria” que sería fatal en todos los campos.

No es mi intención amargarle la píldora a los optimistas, sino hacer un llamado al realismo, la prudencia y la racionalidad.

Autor:
Reinaldo Suarez Diaz
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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