Publicidad
Mié Ago 23 2017
22ºC
Actualizado 07:13 pm
Domingo 05 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Ahorradores, no tacaños

Columnista: Reinaldo Suarez Diaz

La solidez de las economías de las personas, empresas y países se basa en el ahorro. Japón, Warren Buffet, Arturo Calle etc., lo atestiguan. En nuestro medio estamos perdiendo la cultura del ahorro que otrora nos inculcaban con regalos como la famosa alcancía en acero inoxidable de la Caja Colombiana de Ahorros o el tradicional marranito.


La cultura de vivir al día o peor de vivir a crédito, es impulsada por la sed de consumo y la ambición inculcadas por la propaganda, las políticas estatales que desincentivan el ahorro y por coyunturas económicas como el fenómeno de la inflación.


No se trata de condenar el consumo; también gastar es necesario tanto para el bienestar personal como colectivo, ya que el consumo incentiva la producción y el empleo. Pero hay que saber hacerlo ordenadamente.


El ahorro (la virtud está en el justo medio, decía Aristóteles) es un equilibrio entre la tacañería y el despilfarro.


El despilfarrador no se fija en lo que compra, es imprevisivo, no aprecia el valor del dinero y de la cosas, goza comprando más que teniendo y disfrutando, nunca está satisfecho, no valora el esfuerzo. No aplica esa sabia máxima innata en la cultura zapatoca: "Aquello que se gana con dificultad, también debe gastarse con dificultad". Sólo los hijos de papi y mami (destructores del fruto de los esfuerzos de sus mayores), un golpe de suerte, negocios turbios, especulación, explotación del trabajo de los demás, pueden darse el gusto de despilfarrar sin masoquismo. El esfuerzo es el único camino válido para la ganancia honrada. La cultura del despilfarro sólo conduce a la saciedad, al descontento, la insatisfacción, el malestar personal y colectivo.


En el otro extremo está la tacañería. Así como el despilfarrador sólo encuentra su deleite en gastar sin discernimiento, al tacaño sólo le importa ganar y atesorar. Cuando le toca gastar lo hace buscando lo más barato sin hacer un balance entre precio y calidad y lo hace con dolor y por pura necesidad, haciendo su vida miserable. Los tacaños son avaros hasta con ellos mismos, mueren así, debiéndose a sí mismos y a quienes los rodean.


El ahorrador mide sus gastos, es previsivo, piensa en el futuro, distingue entre lo importante y lo secundario, pero tiene conciencia de que lo importante no es tener sino saber disfrutar ordenadamente de lo que se tiene. Ahorra no para atesorar sino para progresar, para crear riqueza y empleo, para asegurar su futuro y aquel de quienes de él dependen. Establece una jerarquía de sus gastos y si a veces debe renunciar a una satisfacción inmediata, lo hace en vista de proveer a la satisfacción de una meta más importante en el futuro. No gasta por ostentación o guiado por el simple placer consumista, sino por su bienestar y el de su entorno y lo hace con gusto y satisfacción siendo a su vez equilibrada e inteligentemente generoso.

Autor:
Reinaldo Suarez Diaz
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Su voto: Ninguno (1 vote)
Otras columnas
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad