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Lunes 11 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Irma y el espíritu humano

Columnista: Ricardo Trotti

Adelanté el viaje de regreso a Miami para estar con la familia y prepararnos para el caos que traerá Irma. Es una tormenta monstruosa, asesina, la más grande de la historia. Su potencia opacará los destrozos de Andrew, aquel huracán de 1992 que dejó partes del sur de Florida como la dantesca Hiroshima.

Por suerte los huracanes avisan con tiempo. Permiten prevenir daños, no como el terremoto que experimentó Chiapas. Pero por más que avisen, uno nunca está preparado para tormentas así. Buscar o encontrar víveres, cargar gasolina, armarse de baterías, velas, transistores, linternas y agua, mucha agua, no es fácil. Hay que hacerlo con paciencia y delicadeza, porque los ánimos están crispados. Cualquier chispa enciende peleas.

¿Solidaridad? Poca. La solidaridad se da tras las consecuencias, los destrozos y las necesidades de los que quedaron más vulnerables; ahí es cuando el espíritu humano sale a relucir. Antes, en la preparación, la situación es caótica, frenética; es la hora de la supervivencia. La gente se pelea por una botella de agua o una lata de garbanzo.

Esperanza siempre hay que algún frente la frene o la empuje de su trayectoria. Pero las predicciones hasta ahora fueron precisas. Arrasó y dejó una estela de muertes por cuanta isla del Caribe tocó. Ante lo inevitable, la mente se retrae, imagina las consecuencias y se prepara. Guarda cualquier cosa que en el patio pueda ser un proyectil, amontona todos los trastes del garaje para dejar espacio para los autos, protege ventana y por último desea buenos augurios a los amigos, colegas y familiares.

Quienes sufrieron a Andrew, Vilma, Charley o Frances los consume la idea de más pérdidas y hasta de refugiarse por semanas. Los servicios de electricidad, agua y comunicación se reestablecerán a cuentagotas. Las aseguradoras intentarán pagar lo menos posible y subir las primas para los próximos huracanes. Las ciudades atrofiadas competirán por la ayuda federal. La zona tardará años para reponer lo que en horas se romperá.

No hay más remedio que asumir el desafío. Pero siempre se asumirá con altura y solidaridad. Es el espíritu humano.

Autor:
Ricardo Trotti
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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