Lunes 19 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

El Big Bang, Stephen Hawking y mi mamá

Columnista: Ricardo Trotti

El mundo perdió a un grande y yo a una referencia. Nunca estuve muy atento a sus predicciones celestiales sobre si la Humanidad se extinguirá en 600 años, si Dios fue quien apretó el botón del Big Bang o si lograría conciliar la relatividad de Albert Einstein con la energía cuántica de los agujeros negros. Mi referencia con Stephen Hawking siempre fue mucho más terrenal; más empática con su sufrimiento que con sus descubrimientos. Murió por la misma enfermedad incurable que sufrió mi mamá, esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una dolencia degenerativa del sistema nervioso.

Hawking fue inspiración y esperanza. Con su carisma popularizó la ciencia como Carl Sagan y por su intelecto compartió pedestal con Einstein, Newton, Galileo y Pitágoras. También fue esperanza para millones de personas a las que les pronostican que sus vidas se apagarán en dos años o, con suerte, en un par más.

El diagnóstico a mi mamá también fue de dos años, pero vivió cinco. No por ello la enfermedad fue menos cruel. Como un agujero negro, el ELA le fue chupando y consumiendo cada signo vital de su cuerpo. La dolencia no sería tan brutal si no fuera que los pacientes tienen lucidez hasta el último soplo de vida. Los pulmones colapsan tras una parálisis eslabonada que empieza por los músculos de cada miembro, se extiende por el tronco y se apodera hasta de las cuerdas vocales y los párpados.

Me fue difícil soportar al ELA en la comodidad de la distancia. Cada visita a su casa era una tortura al ver como la vida de una persona enérgica y de fe irreductible se desvanecía progresivamente sin esperanza. Todavía dudo si en el martirio de sus últimos días no habrá flaqueado su mente y perdido la Fe. Igual que mi mamá, Hawking debe haber sentido un baldazo de agua helada como el que se hizo viral en 2014 para crear conciencia sobre el ELA, cuando el médico le vaticinó a sus 21 años, solo dos más de vida.

Desde aquel anuncio, hasta sus 76 años, Hawking entendió que “alguien” le regaló vida. Creo que logró sintetizar todos sus descubrimientos en una frase de científica humanidad: “El Universo no sería gran cosa, si no fuera hogar de la gente a la que amas”. Enseñanzas simples como estas y otras muy complejas, deberían inspirar a gobiernos e instituciones a volcar más recursos para descubrir la cura del ELA.

Autor:
Ricardo Trotti
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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