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Rudolf Hommes
Miércoles 30 de enero de 2013 - 12:00 AM

Inconsistencias y malas ideas

Publicado por: Rudolf Hommes

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Sorprendió hace una semana el ministro de Hacienda cuando hizo el anuncio de que el Gobierno se comprometería a no dejar bajar la tasa de cambio de $1,800 por dólar.

Me pregunté cómo tendría planeado hacerlo, y qué dirían sus colegas de la junta directiva del Banco de la República, porque sería deseable que el peso superara esa barrera. Pero no volvió a repetirlo y no sucedió nada más.

El Banco de la Republica sigue comprando unos montos que no le hacen mella a la tasa de cambio, y no se les ve intención al gobierno o al banco central de hacer congruentes sus políticas con mayor competitividad en la tasa de cambio.

Anuncian que se va a hacer algo, pero sigue la tasa de cambio en niveles incompatibles con un desarrollo exportador de bienes de mayor valor agregado y el peso ubicado en un área que no es la de la moneda de su principal socio comercial.

Como el personaje del comercial de Davivienda, el peso colombiano se halla en el lugar equivocado, alejándose de la moneda que le brinda el mayor mercado.

La política de tasa de cambio no corresponde a los objetivos de desarrollo industrial y de las exportaciones de productos manufacturados, ni estimula el desarrollo agropecuario y de la agroindustria, que en el caso colombiano ofrece oportunidades aun inexplotadas para acelerar el crecimiento, generar nuevos puestos de trabajo y mayor riqueza.

A pesar de ello, no hay una discusión seria y abierta de este problema ni se vislumbra una solución. El manejo de la tasa de cambio en nuestro país siempre ha sido misterioso y su discusión sigue siendo tabú.

Teniendo en cuenta los graves problemas que está causando en el sector productivo y la aparente impotencia de las autoridades para aliviarlos es indispensable abrir el debate y cuestionar lo que se está haciendo, con la esperanza de que surjan soluciones.

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