Miércoles 26 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Marihuana: ¿nos va a dejar el bus?

Columnista: Rudolf Hommes

Mientras en este país estamos pensando en acabar con la dosis personal de marihuana y en cómo fumigar los cultivos de coca, desestimando las consecuencias ambientales, sociales y de salud pública de esas acciones, Coca Cola anuncia que explora la posibilidad de incorporar bebidas derivadas de la marihuana a su portafolio de productos. Esta yerba está incursionando como insumo en la producción de bebidas que contienen canabidiol, un ingrediente de la marihuana que no es psicoactivo y se utiliza en el manejo del dolor. Este ingrediente se ha venido propagando en bebidas que hacen sentir bien a los que las consumen (wellness drinks), y Coca Cola está observando con mucha atención la evolución de esas bebidas, viendo a ver si participa en ese mercado (Financial Times, septiembre 18, 2018).

La película “Pájaros de Verano” de Ciro Guerra muestra lo que dejó la marihuana en la Guajira. Una sociedad que tenía instituciones ancestrales para resolver sus conflictos y reglas muy claras de comportamiento, sucumbe a la codicia, es infiltrada por extraños que no tienen limitaciones para acudir a la violencia y encara la destrucción. Llegó la marihuana y acabó con todo. La película es un fresco sobre lo que le pasó a Colombia, primero con la marihuana y luego con la coca y la amapola. Los países consumidores están beneficiándose comercialmente ahora. En Estados Unidos, muchos estados han legalizado el uso de la marihuana, por lo menos con fines medicinales. En áreas rurales aisladas se produce ilegalmente en extensiones de terreno relativamente grandes, y en las ciudades en galpones que consumen cantidades industriales de energía, con la complicidad o tolerancia de las autoridades. La investigación sobre la planta, su cultivo y sus derivados medicinales ha avanzado tanto que ya no es mucha la que exportan los países originalmente productores. El anuncio de que Coca Cola está interesada en el negocio augura un futuro brillante para su uso.

Todavía podríamos rescatar parte de lo perdido, si se admite y se fomenta que las universidades exploren esas posibilidades y aumente el cultivo para fines terapéuticos. Y respecto a la coca, no podemos ignorar la posibilidad de que en unos años decida Coca Cola regresar a sus orígenes y comercialice un té de coca azucarado. No debemos emprender la erradicación sin haber conservado las mejores selecciones genéticas de esa planta y haber preservado y aumentado con investigación el inmenso conocimiento que tienen las comunidades indígenas.

Autor:
Rudolf Hommes
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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