Lunes 26 de Enero de 2015
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Samuel Chalela
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“Me llamo Colombo Cachaco, vivo en el 4-72, esquina entre Pacífico y Atlántico, el mejor sitio del vecindario. Mi papá es andino y mi mamá costeña. Quiero empezar terapia, doctor.

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Unos optan por encerrarse, como propone Marine Le Pen, quien reclama la suspensión del espacio Schengen, con lo que cree destruir el terrorismo. Otros escogen ocultar, como la ley de laicismo francesa, que prohíbe a las mujeres musulmanas el uso del velo islámico.

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El debate político, desde la simple discusión hasta la oposición y la disidencia, debe estar apoyado en una base institucional –e incluso ética- que le otorgue legitimidad.

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¿Por qué se considera tan buena la noticia de Belén?

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La ciudad, aún en la era digital que pudiera propiciar individuos desarraigados de lo local y conectados con el mundo, sigue siendo una red nutricia que moldea a su gente: no es lo mismo la inspiradora y diversa Nueva York que la mística y glamurosa Roma.

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Otra de esas frases de la tradición colonial hispana que nos arruina la vida, como si no fuera suficiente con “la intención es lo que vale” y “humano es errar”, para auspiciar la ineficacia, la mediocridad.

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Los esfuerzos por alcanzar la paz son inmensos entre las víctimas del conflicto, casi imperceptibles entre los que viven de ella y apenas de labia entre los que observan desde la barrera las atrocidades de la guerra. Es lógica simple de campesino sano: solo corre aquel al que va a morder el perro.

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Hecha a un lado la discusión regulatoria –y quiero quizás con ello decir “burocrática”- la inconformidad de los taxistas con Uber encarna la tara mamerta del privilegio de la exclusividad, la alergia a la competencia.

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Los proyectos estatales comenzaron su honda crisis hace una década, al menos por dos razones: (i) la declinación en el propósito de “profesionalizar” el Estado y (ii) la incisiva tendencia a extender a los consultores y asesores toda la responsabilidad.

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En tiempos de paro judicial, de indignación por la lentitud de la justicia ordinaria, por su obrar errático y por su ineficacia para perseguir el delito y resolver las controversias entre los ciudadanos, es sorprendente que se profundicen las medidas administrativas para desestimular el uso de mecanismos alternativos de solución de disputas como el arbitraje y la conciliación.

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