Publicado por: Samuel Chalela
Latinoamérica, de moda o no, es más aficionada a los culebrones que al pensamiento; así somos. Que si la ausencia de Rafael es un desplante, que si Hugo insultará al patrón del norte, que si éste le dará papaya a la bruja carioca para quitarle protagonismo. Y al final nada de fondo. Lucha antidrogas y legalización, temas patéticamente instalados como cortinas de humo protagónicas que posponen decisiones necesarias para hacer frente común contra la desigualdad y para la búsqueda del progreso sostenible. El contexto: crecimiento económico latinoamericano –modesto pero bien fundado- en medio de una crisis internacional.
Colombia pasa por buen momento, sí, pero como es propio de nuestro talante frívolo y proclive a montarnos en el baile del triunfalismo, ya miramos por encima del hombro a otros y nos acicalamos para asumir liderazgos hemisféricos; como si nada de lo que ocurrió y sigue ocurriendo en materia social, atraso en infraestructura y orden público, fuera real. Ya estamos dándole rienda suelta a esas ingenuidades tan nuestras: como que un par de años de crecimiento es desarrollo o que en seis meses la guerrilla, supuestamente acabada, resurgió sólo porque Uribe no está.
Ya hay quienes hablan de que Colombia será la que articule la posición de los países de Latinoamérica frente a los grandes de la región: USA y Brasil, el uno en otoño y el otro en plena primavera económica. Y lo peor, creemos que eso se definirá en la Cumbre de las Américas, un evento puramente “diplomático” -palabra que por acá es casi sinónima de “farandulero”-.
Esas cumbres son desfiles de los egos políticos, muestras de galas y dientes; pero aquí con el agravante de la sudadera de Chávez, la guayabera pseudo pakistaní de Correa y la disonancia de Evo. O qué, ¿Obama y Dilma en la soporífera tarde cartagenera, a la espera de que Colombia arbitre sus intereses en la región? ¿Todo porque tenemos una política fiscal sana y un crecimiento económico favorable? La primera y la sexta economías del mundo, descrestadas por las cifras de Colombia? Así como un 5-0 nos convenció hace 20 años de que somos una potencia futbolística, un positivo sacudón económico –complejo y aún no del todo comprendido- nos da agallas de grandes. ¿Estaremos arrimados al árbol de mejor sombra o al que ya se le están cayendo las hojas?









