Publicado por: Samuel Chalela
Expresiones que se ponen de moda como el “imaginario colectivo”, me dan la sensación de que hay algo –o mucho- que no estoy entendiendo. Así ha sido siempre, cuando se hablaba en los 80 de “calidad total”, en los 90 de “reingeniería”, o más recientemente de “coaching” y eso que esas etiquetas se acuñaron en el entorno empresarial, donde es usual que hagan hasta juegos y dinámicas para explicarlos. Con solo recordarlos entiendo una palabra arcaica: “cursilería”. Pues ni qué decir de las palabrejas de simple contenido social; esas hay que descifrarlas sin ayuda o simplemente fingir que uno las entiende. Al final, a toda la rimbombancia de los nombres, no les queda otro remedio que tomar el tamaño de la realidad.
Con lo que está pasando, empecé a asimilar eso del “imaginario colectivo”. Especialmente en el tema de seguridad, donde la propaganda –oficial o contra-oficial- va dando la pauta, sin importar lo que realmente pasa. Es como la tía senil que piensa que si sale de casa la empleada la roba, aunque no la robe. Tuvimos una especie de anestesia frente a lo que pasaba en materia de terrorismo, combates o emboscadas de los irregulares durante 8 años de gobierno de Uribe, y aunque sí hubo un descenso ostensible en la violencia, las cifras muestran que la situación hoy no es diferente. Es más, los hechos que ahora se presentan son la simple continuación de una estrategia apenas militar, y por ende incompleta, por lo cual, no acabada e inacabable. Pero el “imaginario colectivo” estaba viendo con los anteojos de “paz lograda”, “violencia eliminada”. Y no era así, qué ingenuidad. Ahora, despiertos de la anestesia, la servidumbre mental del colectivo vira hacia la histeria de la resurrección de la violencia; para resucitar hay que estar muerto.
Preocupa que además el colectivo se siente en “estado de prosperidad”. Y es cierto; por primera vez el crecimiento económico y la estabilidad parecen reflejarse en la vida cotidiana: empleo, reformas sociales, interés público en la desigualdad, inversión en infraestructura; en otras palabras, decisión política de romper la brecha, con todos los riesgos. Y el TLC, una cantera de sueños, solo tal vez realizables. Es bueno ese clima de optimismo, pero el boato del nuevo rico ha causado mucho daño en otros países, es mejor andar con cautela.









