Publicado por: Samuel Chalela
No acerté en una sola de las novenas de aguinaldo. Ni un buñuelo, ni natilla, ni un “ven, ven ven”; todo fue tan ajeno. Nueve días sin dar en el blanco. Arranqué con una familia criolla con ínfulas de vanguardista, donde nos ofrecieron sushi y sake a pesar de que lo único japonés eran los ojos muy rasgados del primogénito –¿hay algo más desentonado que un nuevo rico en diciembre?-.
De ahí pasé a una donde la cuchi-barbie anfitriona, gin tonic en mano, cantó incansablemente “Yingunbel” (Jingle Bells), repartió gorros de Papá Noel, dio Pumpkin Pie y pavo, y mientras nos deshacíamos de calor, ella daba brinquitos excitados en una sala atiborrada de muñecos baratos de nevada navidad, moños y renos, como en un imposible remix de Las Vegas-San Andresito-Dolphin Mall que no pude descifrar.
Pensé entonces en un centro comercial, pero el aullido desenfrenado de un solista infantil desentonando en español de Aguachica el Ave María de Schubert me detuvo en seco en la puerta. En un arranque de impotencia, tomé una medida desesperada: novena en la casa de los primos. Sin sorpresas: hablar mal de los que no habían llegado, la abuela medio dormida –empastillada quizás- mientras seis cincuentones la miraban con esos ojos que gritan “¿por qué no te mueres?”, y 11 adolescentes descerebrados pegados al celular fraguaban virtualmente la fuga de ese patético escenario. Y eso que no describo la novena de la oficina, la del condominio, la de los amigos de mi hija (podría ser la menos mala), la del club (peor que la de la abuela) y la que hice solo. ¿Y el Niño Dios? ¿Los pastores de Belén? Tal vez capturados con los Nule, Santoyo, Noguera y el niño Andrés Felipe. Yo quería una novena de verdad, así fuera con paseo al parque con
Laura Moreno y Jessy Quintero.
Me queda la fiesta de fin de año. Con “Añoviejo” de ropa rota (como la abuela drogada de la novena), globos, tías bailarinas, tíos charlatanes, uvas para engullir a las 12 y, sobre todo, gente sin iphone, conectada con los presentes aunque lloren por los muertos, dispuesta a ser de aquí (no de Japón ni de Las Vegas), con la fe puesta en que 2013 será un gran año para todos.









