Publicado por: Samuel Chalela
Un aparataje raposo, vano y corrupto, súbitamente carraspeó, como cuando un moribundo de repente amanece con apetito. “Nos sorprendieron estos curas”, dijo un vecino casi graduado de ateo, que empezó a serlo de cara a los males de la iglesia católica, los cuales ya –y eso al menos es un buen legado- han sido señalados y reconocidos por el propio Benedicto.
Latino y jesuita, doble sorpresa. Sobre todo jesuita, en un andamiaje jerárquico (la Curia) que Wojtyla inundó con la derecha del Opus Dei, no sin antes asegurarse desde 1980 de que la participación de los jesuitas en el movimiento social latinoamericano y en la Curia misma se diluyera. Que no se olvide que Juan Pablo II, al terminar el buen padre Arrupe su era a la cabeza de la
Compañía de Jesús, bloqueó la sucesión natural de Arrupe que correspondía al progresista norteamericano Vincent O´Keefe, e intervino en la elección para garantizar la neutralización de la orden de
San Ignacio –emblemáticamente comprometida en ese entonces con la justicia social-. El cardenal Carlo Maria Martini, jesuita también y arzobispo de Milán, profundo e inteligente, estaba en la fila cuando sobrevino la elección de Benedicto.
Bergoglio, el único jesuita papable que quedaba –luego del deceso de Martini el año pasado-, representa un ala más conservadora en la Compañía. Sin embargo, habría un sesgo social en las posiciones políticas del ahora Francisco (¿una evocación al santo de la pobreza?). Duras posiciones frente a las medidas del FMI durante la crisis argentina del 2000, su ilegitimidad e inmoralidad, han enmarcado sus homilías y escritos. Un toque de doctrina social en sus frases: “se arrastra a las mujeres y a las chicas y se las somete al uso de su cuerpo”, “los más pobres, para los suficientes, no cuentan”, “en esta ciudad se explota a trabajadores en talleres clandestinos”, “la esclavitud no está abolida”, “la deuda social –inmoral, injusta e ilegítima- apunta contra la dignidad humana”, ha dicho. De su supuesta tibieza con la cruel dictadura argentina –y hasta supuesta colaboración- no hay reales pruebas. Acérrimo crítico de las leyes de género, eutanasia y matrimonio igualitario, ojalá que ahora como Papa recuerde la que fue quizás la última frase de Carlo Martini: “…la Iglesia está atrasada en 200 años, cansada y la cultura Occidental envejecida”.









