Publicidad

Samuel Chalela
Viernes 22 de marzo de 2013 - 12:00 AM

Habla marzo

Publicado por: Samuel Chalela

Compartir

Nadie sabía en 2004 ni en 2006 quiénes eran Norbey Ceballos, Ramiro y Francisco Idárraga, Nicolás García, ni tantos otros cuyos nombres se pierden en el tiempo. Nadie lo sabe hoy, a pesar de que sus nombres salpican miles de folios de la Procuraduría, el Tribunal de Antioquia, la Fiscalía o las memorias del horror de los testigos. Víctimas –y es una verdad hoy establecida por los jueces-, hombres simples que después de ser tomados a la fuerza por militares, aparecían muertos, con un arma a su lado y reportados como abatidos en combate; falsos positivos.

Mientras en marzo hablamos de otras cosas –importantes también seguro-, se producen calladamente condenas por el más abominable de los crímenes que pueda presenciar una sociedad: el que cometen sus propias fuerzas regulares en contra de ciudadanos inocentes. Es cierto que estamos hartos todos de la muerte, la guerra, el terrorismo. Por acabar con todo eso hemos visto caer vidas de jóvenes soldados y policías –valientes y honorables muchos-. Irremediablemente se pierden vidas en una guerra y es eso lo que hemos vivido. Pero éstos no son criminales ejecutados irregularmente (lo que ya sería una vergüenza para el Estado de Derecho), es peor, se trata de gente inocente, inerme; parte de la población para cuya protección está establecida la milicia, es el máximo deshonor castrense, pero sobre todo la destrucción del Estado por sí mismo. En marzo se han producido condenas penales o fallos disciplinarios por hechos ocurridos en 2004 y 2006 en
Cocorná y Granada, La Sierra (Cauca), sur de Bolívar. Y algo saldrá de lo ocurrido en Soacha en 2008 (ver “Retratos de Familia, el documental). Quizás la justicia no haya actuado pronta ni suficientemente, y eso, a nosotros, nos indigna tal vez, pero a la madre de un muchacho con discapacidad mental que un día desaparece de Soacha para resultar al poco tiempo muerto como guerrillero en combate en Norte de Santander, la desborda, la llena de odio contra su país; ¿o qué?, son los daños colaterales de la guerra? De ningún modo.  Indignación sí, pero lo que nos avergüenza es la sociedad misma, nuestra impavidez frente a una situación que vuelve secundaria cualquier urgencia colectiva. Nada puede quedar bien resuelto ni la guerra, ni el terrorismo, si median crímenes de Estado.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día