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Samuel Chalela
Viernes 12 de abril de 2013 - 12:00 AM

La papa caliente

Publicado por: Samuel Chalela

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Un padrinazgo incómodo, una compañía indeseada, una recomendación nociva. En todo eso se viene convirtiendo para sus seguidores, sus antiguos coequiperos y sus allegados. Una especie de vínculo vergonzante que cada vez menos gente está dispuesta a confesar. Las razones de vieja data saltan de expedientes, revientan en investigaciones y se materializan en revelaciones actuales (componendas, conjuras, malsanas cercanías, pasionales y prejuiciosos distanciamientos, contubernios, patrañas, quebrantamientos). Pero si todo eso fuera poco, él con su actual delirante insania diluye cualquier beneficio de duda que algunos quisieran reservarle. Nadie hoy lo defiende por él mismo, sino para lavarse la conciencia.

Y como en este primer párrafo, nadie lo nombra. Lo aluden sin señalarlo, como al mismísimo Satán; su prontuario es referido en anónimo. A los que les toca tirarse la papa caliente de su protagonismo en hechos bochornosos, prefieren no mencionarlo o disociar sus actos con esa falaz clasificación: fue bueno cuando era tal cosa,  ahora no tanto como ex; como si se tratara de juzgar simples errores y no, en realidad, faltas graves asociadas al talante de su propia persona, a su pequeñez, que es la misma antes de ser, mientras fue y ahora como ex. ¿Por qué le temen tanto a Uribe?

En medio de ese silencio evasivo, saltan algunas voces aisladas, que cargadas de estridencia solo logran confirmar ese miedo generalizado, en medio del cual se convierten en simples alaridos histéricos, exagerados. Pero el dictamen equilibrado de la historia, de la juridicidad y del país político (supuestamente pensante) se acalla, como agazapado por un solo monstruo al que le temen todos: la aplanadora del populismo.

Lo más peligroso de sus conjuras (más allá de las intrigas rastreras, estrategias retorcidas y vinculaciones dudosas), es el irresponsable y siempre a mano recurso del populismo incendiario, el discurso populachero y la tropicalísima venta de un supuesto coraje convertido en bravuconada, insulto y politiquería… (y nosotros disque nos asombramos con las peroratas vacías de la campaña venezolana). Verdadero coraje aquellas mansas caballerosidades que alguna vez cambiaron el mundo, como Lincoln, Churchil, De Gaulle.

Un país que ha sufrido tanto, que se esfuerza por enderezarse y dar un paso hacia la civilidad y la dignidad (sea que lo logre ahora o no), no merece encima de todo estar lidiando con la papa caliente de un ego enfermizo. 

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