Miércoles 27 de Agosto de 2014
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Samuel Chalela
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Viernes 26 de Julio de 2013 - 12:01 AM

Liberar a Francisco

Autor: Samuel Chalela

Que Francisco removerá los cimientos de la curia, parece posible. Que también vaya a sacudir la doctrina, es una mera expectativa. Y que su énfasis en el compromiso con los pobres tenga un contenido más allá de la retórica, es aún apenas una ilusión.

Una curia cercana al pueblo de Dios y una espabilada en la doctrina para sacarla del Medioevo son factibles e indispensables, pero no una revolución. Un verdadero compromiso político del Catolicismo con los pobres y los excluidos, como el que pregonó la llamada “teología de la liberación”, sería sorprendente.

El cardenal Bergoglio seduce por jesuita, por amigo de teólogos de la liberación, por latinoamericano, por cercano a los pobres y por haber escogido el nombre de Francisco, el humilde cristiano del siglo XI. Pero nadie puede esperar que con la estela retardataria de Wojtyla y Ratzinger –aún sobrevivientes en las estructuras eclesiásticas- se produzca una revolución, por muy audaz que sea el papa argentino. Un buen síntoma de su astucia es el paso lento que podría imprimir a la transformación. Los coqueteos del excura Boff, los llamados de los “liberacionistas” para recordar la formación del papa con Scanone, en lugar de ayudar son perjudiciales.

La opción por los excluidos podría ser la puerta de entrada hacia temas en deuda y tan ajenos a la fe, como la participación de la mujer en la Iglesia, la anticoncepción con condón, el derecho de los divorciados a vivir en Dios y hasta las uniones de parejas del mismo sexo. Pero no es a través del anacronismo del derrumbe de las estructuras de poder, ya el padre Bergoglio lo señalaba en sus escritos. Quizás esa sería la verdadera revolución, que Francisco reconozca de una vez y para siempre la diferencia entre las cosas de Dios y los deberes del Estado, como la iglesia anglicana lo ha hecho y lo ratifica ahora con la sanción de la ley de matrimonio igualitario civil por parte de Isabel II. Ni abortista, ni pro eutanasia; es un absurdo casi ontológico siquiera pensar que un papa católico podría serlo.

Ante los jóvenes de Brasil habló de celibato, a la vez que de disfrutar del mundo y de “santos modernos”; si directamente emprende campaña contra el condón, estarán perdidas las esperanzas. Solo el pueblo creyente puede liberar a Francisco de las cadenas del pasado.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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