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Viernes 21 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Volando bajo

Columnista: Samuel Chalela

La bajeza se ha vuelto la norma, el modus operandi social. Eso flota por encima de lo permitido y lo prohibido, no hace distinción. A uno puede no gustarle la letra de una canción o el contenido de un artículo de prensa, pero estaríamos retrocediendo siglos si se pudiera reprimir o censurar lo que se dice, se pinta o se canta solo por no gustarle a un grupo. Peor si se pretende callar a alguien mediante la comisión de un delito; igual disparándole que acusándolo de crímenes repugnantes para que sean otros los que le disparen.

Mientras lo que se diga, se pinte o se cante no viole la ley, es decir, no constituya calumnia –hecho punible- o no transgreda otras prohibiciones como la de hostigar a personas o grupos “por razón de su raza, etnia, religión, nacionalidad, ideología, sexo u orientación sexual o discapacidad” como lo restringe la ley antidiscriminación (Ley 1482/2011), todo se puede decir.

La mofa de personajes públicos por sus defectos o rasgos físicos no es nueva ni ha estado en la mira de las prohibiciones desde hace siglos. Aunque a muchos no nos guste, hay maestros de la picaresca y la sátira que deslizan alusiones a la fealdad, al tartamudeo o a la baja estatura de los personajes. Con cierta elegancia y altura, puede ser divertido, seguramente menos risible para el que los padece, pero somos adultos.

Y hasta para delinquir hay que tener tino, porque francamente calumniar es más rastrero que un certero puño; mejor dicho, si hay que caer en el código penal, un caballero escoge las “Lesiones Personales” -dando un puñetazo- antes de caer en la bajeza y cobardía de la “Calumnia”, diría alguna vieja orden de caballería.

Lo sorprendente es que el que posa de agredido porque se han burlado de la habilidad empresarial de sus niños o de sus zapatos de caucho y de sus amigos de conducta punible, es el mismo que llamó caballo discapacitado a un ciudadano ilustre enfermo y se burló del incidente de incontinencia de un paciente de cáncer de próstata.

Todo ese juego de sensiblería y ataque a la prensa no es más que una estrategia política de distracción y vigencia que no debe sacarnos de lo importante; la peligrosa comadre que encare sus peloteras de antro ante la justicia; ¡dizque estadista!

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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