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Viernes 04 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

El paso

Columnista: Samuel Chalela

No es solo un mito que la jerarquía eclesiástica católica es un aparato rígido, inflexible y engavillado, ante el cual un Papa reformista tiene que empujar la piedra de los cambios cuesta arriba como Sísifo y verla deslizarse una y otra vez hacia el foso. ¿Qué tan reformista es Francisco? No se sabe aún. Sus gestos, sus entrevistas, trazan una ruta que lamentablemente no va al mismo ritmo de la doctrina oficial y los documentos papales.

La reciente alineación astral (¿divina? ¿Estratégica?) Que saca de juego a Pell, Mueller (Jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe), Meiser y Scola, fuertes, aunque no siempre explícitos, opositores de las posibles innovaciones que promovería Francisco, allana un camino para la aceleración del pontificado en temas cruciales como la comunión de los divorciados, la eutanasia, la participación de mujeres, el control artificial de natalidad, etc. Pero Francisco tendrá que dar un paso más audaz que el tímido respingo de Amoris Laetitia.

Su próxima visita recuerda más la de Pablo VI de 1968, con la asamblea de conferencias episcopales latinoamericanas, cuando empezó a interiorizarse la misión “liberadora” de la Iglesia y, en especial, el compromiso con los pobres y oprimidos; un anticipo de la teología de la liberación que tuvo en el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez un adalid.

Sabemos hoy que la Teología de la Liberación se malentendió y el compromiso con los pobres se enredó con la opción política socialista. Cayó el muro de Berlín y el trauma comunista es una paranoia infantil; ya el mundo conoce el modelo fallido. No podemos seguir identificando la sensibilidad social (responsabilidad, debí decir) con comunismo mamerto ni cazando brujas rojas que solo existen en las pesadillas.

Francisco encarna la idea de una opción católica por los excluidos y los pobres que se muestra en Evangelii Gaudium (“…esta economía mata”. Mata de hambre, mata de falta de cultura”); a pesar de sus críticas a esa desviación de la teología de la liberación que quiso encarar el mundo desde una óptica marxista. Un camino ahora despejado para un pontificado abierto al mundo, que ejerza liderazgo espiritual, mediador ecuménico y verdaderamente cristiano (no aferrado a la jerarquía sino al pueblo del que es pastor), podría dejar ver la verdadera fibra del Papa suramericano: debe dar el paso, aunque los reaccionarios lo tilden de hereje.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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