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Viernes 11 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Una historia holandesa

Columnista: Samuel Chalela

A propósito de la visita papal, hoy parémonos un momento en Holanda. Allá están cerrándose las iglesias; se convierten en discotecas, parqueaderos de bicicletas. No hay feligresía ni curas para echarse a cuestas tanto edificio vacío. Nadie se pregunta qué pasó, y como en la casa del borracho pesado y peleador a la que no vuelven las visitas, todos dicen que ya no hay valores, que la gente ahora es mala.

Después del Concilio Vaticano II (1962-1965), los holandeses tenían el carisma y la unidad para encausar renovaciones y flexibilizar el autoritarismo de Roma. Ya desde 1966 venía siendo un éxito en ventas el Catecismo Holandés, que trataba los temas no desde las alturas de la dogmática sino con respuestas bíblicas e inteligentes a preguntas contemporáneas. El obispo Bekkers defendía en televisión, desde antes, los métodos anticonceptivos artificiales, no menos popular y respetado era el jesuita Shoonenberg, coautor del catecismo etc.

Desde 1968 los holandeses fueron los primeros en organizar las asambleas pastorales que promovió el Concilio y al final de esas reuniones de obispos y feligresía apareció una petición al Vaticano de autorizar el sacerdocio de personas casadas. Ahí fue Troya; Roma decidió ponerles coto a los rebeldes holandeses. De herejía empezó a acusarse al Catecismo Holandés y el Vaticano enfiló baterías con nombramientos de sacerdotes reaccionarios y anti reformistas –mal queridos en Holanda- para fracturar el bloque renovador. Los obispos renovadores holandeses (concentrados más en la pastoral que en la política) con casi el 90% de popularidad entre los católicos, ya mojaban prensa en el mundo entero (Le Monde, New York Times). Los fueron neutralizando. En los años que siguieron las cifras hablaron solas: de 50 seminarios en los años 70 pasaron a solo 3 en 1991. Decía el entonces (1969) cardenal belga –una de las voces a favor de los reformistas holandeses-: “No es la autoridad del Papa lo que se cuestiona, sino el sistema que lo tiene cautivo (…) pues aunque un Papa sustituye a otro, la Curia permanece”. La inflexibilidad, el inmovilismo medieval de la jerarquía que asfixia a Francisco, pone a los creyentes en desbandada; esto no es un cuento, es la historia ya vivida. Y aquí, los creyentes sencillos ahuyentados, son presa fácil de la superstición explotadora que dista de ser la vivencia espiritual liberadora que Cristo anunció.

Autor:
Samuel Chalela
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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